De adicto a ADICTO

Víctima del Fentanilo, la droga diabólica

Ernesto Salayandía García

Víctima del Fentanilo, la droga diabólica


Salud

Septiembre 30, 2020 19:47 hrs.
Salud Nacional › México Estado de México
Ernesto Salayandía García › Divergencias Informativa

Tomado del libro Camaleón
La historia de mi vida, soy hermano de dos mujeres mayores que yo y tres medios hermanos, tengo 57 años, tengo dos divorcios, 4 hijos, tres hijos del primero y una del segundo. Tuve una niñez feliz, tenía todo; teníamos un jardinero y con él convivía todo el día, porque mi padre siempre estaba trabajando y mi madre enferma, síndrome hamman y rich, un poco distante, crezco en un ambiente deportivo, me gustaba el futbol, natación, básquetbol, y sigo así hasta la adolescencia, en la escuela siempre fui un buen estudiante, en primaria, en quinto año, mi madre fallece y de ahí se complica mi vida, me enojo con Dios porque me había quitado lo más preciado en mi vida, me resiento con mi padre, debido a que se vuelve a casar, diez meses después de haber sepultado a mi madre, me toca una madrastra, que es muy mala conmigo, me impide una buena relación con mi padre, conozco a unos amigos que eran mis vecinos y llegaba de la escuela y me quedaba a dormir con ellos, ahí comía, me fugaba y trataba de estar el menos tiempo posible para no estar con Doña Alicia, quien prácticamente me amarga la existencia.

Un túnel negro y prolongado
Esto empaña emocionalmente mi niñez y adolescencia, no soy feliz, pero seguía siendo buen estudiante y deportista, pero triste, y entrando en estados depresivos, mi carrera alcohólica comienza una semana después de que murió mi madre, y llegó un tipo de Poza Rica Veracruz y fuimos a dar la vuelta por México, llegamos a Poza Rica, la primera borrachera, fue con tequila margarita, la compramos en Guadalajara y nos fuimos costeando allá por Michoacán, en dos horas me la tomé y me fue de la fregada, me sentía muy mal, mi tío me tuvo que inyectar y después pasamos por Veracruz, Alvarado y yo llegamos hasta Poza Rica. En la secundaria fui muy amiguero, igual, buen estudiante y deportista, comencé a salir a las fiestas, a darle vuelo a la hilacha como cualquier joven, comienzo a despertar la alergia al alcohol, debido a que era mi fuga, me anestesiaba mi dolor y mis emociones, y comienzan a prolongarse los periodos de ingesta, paso a la prepa y la actividad alcohólica comienza a aumentar, no hay consecuencias, solo una vez que comenzamos a fumar marihuana y nos agarró la policía y encontraron uno o dos churros de mota, pero sin mayor problema, no hubo accidentes, ni nada de eso. En esa etapa, mi relación era muy distante con mi papá y cada vez que empezábamos a platicar, la señora Alicia no nos dejaba hablar, todo esto sucedió por 5 años que viví con ellos, ella, era dura, sin duda, con sus propios problemas existenciales.

Me vengo a casa de mi abuela paterna a Chihuahua y termino mi preparatoria, después ingreso a la UACH a la facultad de medicina, aumenta más el alcohol y el consumo de marihuana, por supuesto más fiestas, no hay consecuencias, sigo siendo buen estudiante con muy buenas calificaciones, tengo una relación con una de mis primeras novias, la conozco en Bachilleres y después de que se dio cuenta de que fumaba marihuana me dio aire, después regresamos como a los dos años, con la promesa de no hacerlo, seguí en la actividad, le pegué muy fuerte a la marihuana y llegó a mi vida, la cocaína, no con mucha frecuencia, poco a poco se fueron acortando los periodos de consumo, primero los fines de semana, luego a diario; me casé en el 83, ella estaba consciente de mi problema por mi manera de beber y de fumar marihuana, este matrimonio es bajo una relación neurótica, los dos somos muy impulsivos, duramos juntos 18 años, viviendo un verdadero infierno, golpes, insultos y toda la característica de un hogar disfuncional con tres hijos que vivieron y crecieron con mi alcoholismo y mi drogadicción.

Un adicto metodista
Me voy a México a hacer la especialidad de Anestesiología, dejo a la familia en Chihuahua y me ausento un año de ellos, me regreso después del temblor del 85, allá, disminuye mi consumo debido a que no conocía a nadie, pero sí me alcoholizaba los fines de semana, todo tranquilo, no al grado de la locura, ni nada comparado con lo que hacía en Chihuahua. Terminé la especialidad, me fui a Cuauhtémoc, me voy tres meses y después se va la familia a vivir conmigo, comienzo a trabajar muy duro, siempre fui muy trabajador, me comienza a ir muy bien. Trabajo en todas partes, Pensiones, IMSS, ISSSTE, Ichisal y en lo particular donde me comienza a ir muy bien, mucho trabajo, demasiado trabajo diría yo, comienzo a usar analgésicos endovenosos, opioides, narcóticos y de ahí soy, estaba prendido del Fentanyl, combinado con cocaína, marihuana y alcohol y ahí balanceando el trabajo con mi adicción con la que estaba muy clavado. Recuerdo que comencé con Fentanyl, me enamoré de él, conociendo como médico todos los riesgos del medicamento, me causa una sensación de tranquilidad, me daba mucha paz, sé que con este medicamento te da paro respiratorio, es de alto riesgo, muy potente, uso morfina semi sintética, Nubain y fui incrementando el uso de esas sustancias todos los días, así daba el servicio, gracias Dios nunca tuve problemas en mi trabajo, la adicción crece, me hago adicto al piquete, uso Tiopentalsódico, diazepam, ketamina que es anestesia y se usa mucho en niños para reducciones cerradas o procedimientos analgésicos cortos, también, Buprenorfina, igual, el midazolam. Lo que me gustaba sentir era el efecto a la baja, primero me alcoholizaba, mis amigos, ginecólogos, cirujanos, se dieron cuenta y más en los hospitales dónde yo trabaja porque saqueaba las farmacias de los hospitales e iba en las noches, se comienzan a dar cuenta y al principio, me toleran, pero después todo se viene abajo, estoy atrapado en la adicción.

Compulsión desmedida
Y por si fuera poco, conozco el Crack que es la piedra de la cocaína, fumada y me encantó, y abrí más el abanico, soy un adicto metodista, mientras tanto todo va de mal en peor, con mi relación de pareja, comienzan los golpes, mis hijos viendo toda la función en primera fila, duré 12 años bien laboralmente, me toleraron mucho, pero después, mi físico, mi imagen marcaba que estaba hundido en mi enfermedad, un drogadicto. Me relaciono con narcos y luchadores, mi vida se torna ingobernable, desastrosa y causando muchos daños a mí mujer, a mis hijos, y pido ayuda porque quería salir de eso, un poco de sano juicio y me voy a Oceánica en 1996, el proceso dura 35 días, regreso a Cuauhtémoc, duro limpio dos meses y me doy la chancita de tomarme dos cervezas y de ahí se despertó la alergia, y ahí voy, tras la marihuana, la cocaína, vuelvo a inyectarme y toda la gama de drogas, con más intensidad y ansiedad. Gracias a mi compulsión a las drogas, me divorcio, primero me corre de la casa, se va mi familia al rancho de mis suegros, pero para ese entonces, yo conozco a una mujer, 16 años menor que yo, quien me da la vibra que me faltaba, como buen adicto, me subo en la tablita de la última barca, me enamoro y finalizo el divorcio en un año y andamos de novios casi dos años, y al año se va a vivir conmigo, el dinero no era problema; nos peleamos, duró la relación como 4 meses, ella se va con sus papás y se va embarazada de mi hija, nace la niña, las busco, y vuelven conmigo.


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