Vía Crucis y pasión de Cristo recorre el centro y de la Catedral de Texcoco


La agonía y sufrimiento de Jesús de Nazaret que padeció rumbo al calvario



Religión
Abril 03, 2026 14:12 hrs.
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José Luis garay Islas / › Divergencias Informativa

Desde la explanada lateral (Los Olivos) de la Catedral de Texcoco, se realizó la crucificasión de Jesús de Nazaret, junto a dos hombres, a quienes tradicionalmente se les identifica como ladrones o malhechores (en algunas traducciones se utiliza el término "insurrectos"). Uno fue colocado a su derecha y el otro a su izquierda.

Aunque la Biblia no menciona sus nombres, la tradición cristiana los identifica como:
DIMAS (el "Buen Ladrón"): Es quien, según el Evangelio de Lucas, reconoce la inocencia de Jesús y le pide: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Jesús le responde con la famosa frase: "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso". GESTAS (el "Mal Ladrón"): Es quien se une a las burlas de la multitud y le reclama a Jesús que, si es el Mesías, se salve a sí mismo y a ellos también.

Posteriormente, se rezó el Viacrucis, que tiene las 14 estaciones del camino de Jesús, desde su condena hasta el sepulcro. Mientras Jesús agonizaba en la cruz… los soldados jugaban a los dados por su túnica…

A primera vista, parece un acto más de indiferencia; encierra algo mucho más profundo, la túnica de Jesús no era una prenda cualquiera. El Evangelio señala que era sin costuras, tejida de una sola pieza, por eso no quisieron romperla, prefirieron jugarla. Un gesto aparentemente simple… pero cargado de significado.

Por un lado, muestra la dureza del corazón humano; Jesús está entregando su vida… y a su lado, hay quienes solo ven una oportunidad de ganancia, no hay conciencia del misterio. No hay reverencia, solo interés.

Hoy, frente a la cruz, no se trata de estar ’cerca’, se trata de estar presentes, de no distraernos. De no jugar con lo que es eterno, porque mientras algunos jugaban, Dios estaba salvando al mundo, Señor Jesús, líbranos de la indiferencia, danos un corazón atento, capaz de reconocer lo sagrado y valorar el amor que nos entregaste en la cruz. Amén.

Aclarando, el Viernes Santo no es solo un día ’triste’, es el día en que el Amor fue llevado hasta el extremo. Jesús, inocente, es traicionado, abandonado, humillado y crucificado. No hay cantos de gloria. No hay Eucaristía. El altar está desnudo. Todo parece derrota, humanamente, es un día profundamente doloroso, pero aquí está la clave que muchos olvidan: no es una tristeza vacía.

Es una tristeza llena de sentido, porque cada golpe, cada herida, cada clavo… fue por amor, no fue un accidente, no fue un fracaso, fue una entrega libre. Jesús no pierde la vida… la entrega, y en ese aparente silencio de Dios, en esa oscuridad del Calvario, se está librando la batalla más importante de la historia: la redención del mundo.

Por eso el cristiano no vive el Viernes Santo como quien pierde toda esperanza, sino como quien contempla el precio de su salvación; es un día para detenerse. Para mirar la cruz. Para comprender cuánto valemos para Dios, porque si alguna vez dudas de cuánto te ama Dios… mira el Viernes Santo.

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