Tópicos sobre las religiones y la religiosidad


La religión católica fue inculcada en la etapa de la conquista y después durante el Virreinato en los pueblos naturales (los pueblos prehispánicos)



Diciembre 06, 2023 19:20 hrs.
Religión ›
Roberto Antonio Huerta Paniagua › Divergencias Informativa

INTRODUCCIÓN
Los hombres sienten desprecio por la religión y temor porque sea cierta. Para remediar esto, es necesario empezar por demostrar que la religión no es contraria a la razón; después, que es venerable y digna de respeto; a continuación, hacerla amable e inducir a los buenos a desear que sea cierta y, por último, probar que lo es.
Blaise Pascal (1623 a 1662).

En México la religiosidad de sus habitantes en lo general y la religión católica en lo particular no deben tomarse a la ligera, ambas cosas son fenómenos histórico-sociales que psicológica, cultural, política y económicamente, fueron, son todavía y seguirán siendo muy importantes.

La religión católica fue inculcada en la etapa de la conquista y después durante el Virreinato en los pueblos naturales (los pueblos prehispánicos) de formas que variaron desde lo forzadamente hasta lo sutil y aceptadamente. Aquellos pueblos tenían una cultura que, entre otras características, comprendía un pensamiento profundamente mágico-religioso, de tal manera que el conflicto ideológico en ellos al enfrentarse al catolicismo traído por los españoles fue desconcertante.

Actualmente encontramos en algunos sectores de la sociedad mexicana un fanatismo y una fe que puede calificarse como ciega; en donde impera, se tolera y acepta un sincretismo religioso. Hay personas de ciertos estratos socioculturales que aún muestran una sumisión hacia los integrantes del clero (hacia los representantes del poder religioso) y hacia otras manifestaciones del poder (el político, el económico, el militar y el natural); y es también común en esos sectores de la sociedad una ignorancia generalizada que los mantiene en una cómoda situación. Todo esto, de alguna forma fue sutilmente promovido y aun hoy es favorecido por los grupos establecidos desde antaño que lamentablemente se identifican con el poder político y el religioso en turno.

Sin embargo, es loable en este sentido, que el pueblo mexicano siga conservado dentro en su pensamiento mágico-religioso una gran inclinación hacia la religiosidad natural. Lamentablemente, esta inclinación religiosa ha sido manipulada.

En contra de lo arriba descrito, el presente artículo pretende exponer algunas de las ideas que actualmente hay sobre la religión en lo general para que cada posible lector construya un concepto personal, precisamente, sobre el término ’religión’; además, pretende mostrar las características subyacentes y las manifestaciones que en la sociedad en lo general y en las personas en lo particular causa la aceptación de las ideas religiosas.

EL CONCEPTO DE RELIGIÓN

La religión es el ídolo de la muchedumbre; ésta adora todo aquello que no comprende.
Federico II el Grande (1712 a 1786).

Comúnmente se entiende por religión al ’culto que se le tributa a una divinidad’. Una definición formal y de alguna manera explicativa de religión sería: ’Sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas, a las cosas separadas y prohibidas. Estas creencias y prácticas unen en una misma comunidad moral llamada iglesia a todos sus adherentes’. Otro concepto, no tan común, sino más bien filosófico, sostiene que ésta ’es la profesión de fe sobre las causas que rigen al Universo y el destino que se le ha deparado a la humanidad’.

Una revisión de los diccionarios y de la literatura relacionada con el tema proporcionaría numerosas definiciones sobre la religión, así que sería redundante anotar más de las ideas arriba impresas. Pero lo que no sería ocioso ni por demás, es pasar de la lectura superficial de esas definiciones a la especulación del concepto, lo cual siempre mostrará aspectos inesperados.

La palabra religión es de origen latino, con cierta certeza significa: obligación. Marco Tulio Cicerón (106 a 43 a. de C.) deriva esta palabra de religio, onis, la cual a su vez proviene de relegere, que se traduce como: atención escrupulosa, exactitud y delicadeza. En la antigua Roma esta palabra se aplicaba a aquellas personas que cumplían con sagacidad todos los actos del culto divino y lo releían atentamente. Por otra parte, Firmiano Lactancio (¿260 a 325? d. de C.), deriva la palabra religión de religo, as, are, avi y atum; de re y de ligo, que quieren decir: atar atrás, amarrar, ligar o sujetar.

Para algunas autoridades en la materia esta segunda acepción es la raíz etimológica en la cual Agustín de Hipona (354 o 356 a 430 d. de C.) basaba el significado que le daban a la palabra religión. Aunque para otras autoridades, este personaje, sostenía que la palabra religión provenía de relegere, de re y de eligo, que según esas autoridades es: volver a escoger, volver a elegir o elegir de nuevo; porque de acuerdo con San Agustín, la religión es algo que se elige de nuevo (nuevamente).

Hay desacuerdos en cuanto al origen etimológico de la palabra religión; sin embargo, la idea aceptada por la mayoría de las autoridades en la materia e instituciones religiosas es cercana a la segunda acepción, conceptuando a la religión como ’el acto de religar o reconciliar las ideas que hay en torno a la deidad’. Aunque esto, paradójicamente, sea lo menos (o lo último) que han hecho los que administran las religiones, tanto del pasado, como del presente y seguramente también será lo que menos harán los del futuro. En realidad, y la historia así lo ha reseñado, lo que han hecho los religiosos que profesas alguna religión positiva, es remarcar entre sus seguidores hasta las más mínimas y triviales diferencias ideológicas sobre las cosas divinas con las de otras religiones; incluso, dentro de ellas mismas puntualizan esas diferencias, creando así sus propias irreconciliables sectas.

Sobre las sectas (del latín sectum, que se traduce como sección), secciones o derivaciones de las religiones, como en su tiempo fueron los seguidores de Martín Lutero (1483 a 1546), que protestaron y se seccionaron del catolicismo romano y que por ello fueron llamados protestantes; después los mormones o seguidores de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (1829 - 1830), luego los Testigos de Jehová (1878) y ahora la gran cantidad de congregaciones que se autonombran cristianas, consideradas equívocos por algunos religiosos ortodoxos, se formaron y se siguen formando debido a la actuación de los dirigentes o administradores de las religiones y a las interpretaciones de la letra que ellos mismos han hecho de los libros que las sustentan, causando de esta forma los descontentos, los sismas y/o las escisiones; y no pudiendo o no queriendo, los líderes religiosos, conciliar las ideas, las creencia ni los intereses sociopolíticos y económicos. Ni tampoco, recuperar a sus fieles de forma pacífica por las vías del diálogo convincente. Con los dirigentes de la iglesia católica, por ejemplo, hasta hace pocos años todo tenía que ser a su modo e interpretación del cosmos, si no, se organizaban guerras; y no se diga de los musulmanes (chiitas, sunitas y demás), que por muy poco se masacran. Los dirigentes de todas las religiones positivas, si pudieran –y lamentablemente algunos lo pueden– organizan u organizarían sanguinarias guerras en contra de los que piensan diferente a ellos y sin el mayor remordimiento.

Volviendo al concepto, la religión, desde un punto de vista filosófico formal, está considerada como ’la creencia en una garantía sobrenatural ofrecida al hombre para su salvación y las prácticas dirigidas a obtener o conservar esa garantía’; y desde un punto de vista materialista, la religión se considera como ’un reflejo anormal y fantástico, en la mente, de las fuerzas de la naturaleza y las relaciones sociales que dominan al hombre, siendo una forma de opresión espiritual sobre las masas’. Esta última concepción pudiera ser parcialmente cierta, ya que esta idea sólo se refiere a una de las aplicaciones sociopolíticas y económicas que pueden hacerse de las religiones, es decir, a algunas de las funciones que las religiones tienen en las sociedades.

Ahora, desde el punto de vista de las corrientes idealistas, la garantía a la que apelan las religiones es de características sobrenaturales, en el sentido de que dicha garantía va más allá de los poderes del hombre común y opera de forma misteriosa e inescrutable. Es con esta postura idealista que los administradores de las religiones positivas, como el catolicismo, el islamismo, el judaísmo y otras más, se muestran a sus fieles. Aunque en cuanto a la generación de sus riquezas, a la posesión de sus bienes terrenales y al poder político e ideológico que llegan a adquirir, son materialistas, objetivos y pragmáticos.

Aquí es oportuno señalar, antes de proseguir, que la determinación de las relaciones del hombre con lo divino (con Dios), como son su demostración, su existencia (o inexistencia), su explicación, sus características, sus funciones y demás, son problemas atendidos más por la filosofía que por las propias religiones. Para estas últimas, las cosas están dadas y no hay ni debe haber discusión o duda al respecto entre sus seguidores, debe haber solamente dogma y fe. En cambio, para la filosofía las cosas son distintas.

Con las religiones hay un aspecto interesante y a primera vista incongruente que no debe soslayarse, y es el siguiente: De acuerdo con algunos autores, el origen sobrenatural de aquella garantía no necesariamente tiene que ser de naturaleza divina, por lo que puede haber religiones ateas, es decir, religiones sin Dios, tal es el caso de la religión budista. Los budistas, por ejemplo, no consideran a Gautama Buddha como un Dios, sino como un hombre (como un mortal) que llegó a alcanzar la iluminación (una especie de inmortalidad o divinidad). Esto se señala porque de alguna forma, desde este punto de vista de algunos estudiosos, Jesús o Jesucristo, participa de esta condición.

Comúnmente, la religión es la creencia en uno o en varios poderes superiores respecto a los cuales el hombre común experimenta un sentimiento de dependencia. Esta creencia induce a tales hombres a crear una organización, a realizar una serie de actos específicos y a cumplir ciertas reglas de vida que tienden a establecer y mantener relaciones favorables con los poderes susodichos.

En la religión, es necesario e imperante evidenciar las diferencias entre dos aspectos muy importantes: Las creencias y las prácticas. Las prácticas se refieren a todos los actos públicos o usos del culto, como son las plegarias, los sacrificios, las ceremonias, los servicios o misas, las peregrinaciones, festividades, etcétera. Estas prácticas tienen la finalidad principal de obtener y conservar la garantía y constituyen el lado objetivo y público de las religiones; son su aspecto institucional. En cambio, las creencias en esa garantía junto con la actitud religiosa fundamental (el espiritualismo y el misticismo personales), que son interiores y privadas, constituyen la religiosidad individual.

Jesús, Jesucristo, el Divino Maestro, el Elegido, el Hermano Mayor, el Hijo de Dios o como se guste por ahora llamarlo, acorde con las muy respetables creencias de los lectores, favorecía una religiosidad natural, esto es, la religiosidad personal, las creencias. Y esto está evidenciado en el Nuevo Testamento de la misma Biblia. En Mateo, Capítulo VI, versículos del 5 al 15, claramente se lee lo siguiente:

5. Cuando ores, no seáis como los hipócritas,
que aman el orar en píe en las sinagogas
y en las esquinas de las calles
para ser vistos de los hombres;
de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6. Más tú, cuando ores, entra a tu aposento,
y cerrada la puerta ora a tu Padre que está en lo secreto;
y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
7. Y cuando ores, no uséis vanas repeticiones como los gentiles,
que creen que por su palabrería serán oídos.
8. No os hagáis pues semejantes a ellos,
porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad
antes de que vosotros le pidáis.
9. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que est…

No ores en las sinagogas ni en las calles, sino dentro de tu aposento, en otras palabras: dentro de ti mismo. Esto es parte del mensaje.

Así que, una religión natural, está constituida principalmente por la actitud y las creencias personales y se fundamenta únicamente en la razón humana. Por otra parte, una religión positiva, está constituida esencialmente por las prácticas. Actualmente, los cuerpos políticos y administrativos de todas las religiones, como lo es buena parte del clero, privilegian entre las masas una religión positiva aprovechando la inclinación innata del hombre hacia la religiosidad natural. Esto es muy importante, y lo es porque para los sabios es una llave, para los entusiastas es la embriagues y para los astutos es un arca abierta.

En adición a lo anterior, cabe señalar que alrededor de las religiones se plantean dos características o problemas fundamentales de los que derivan otros a precisar: Su origen; y su función. Por su origen, las religiones pueden ser consideradas: Divinas o políticas (humana). Por su función, tienen dos aplicaciones: Son aportadoras de la garantía ya mencionada atrás y/o son ejercitadoras de influencias en las relaciones sociopolíticas y económicas de la humanidad. Y finalmente, como aportadoras de la garantía, pueden ser: Liberadoras del mundo, verdades absolutas y/o normas morales.

EL CLERO

Casi todos los males de la Iglesia han surgido de los obispos que deseaban el poder más que la luz.
John Ruskin (1819 a 1900).

Es ahora necesario precisar qué es el clero, ya que se ha mencionado y se mencionará más adelante, además de que es importante puntualizar que es algo muy diferente de la religión. El clero es el conjunto de clérigos. Clérigo, es una palabra que deriva del latín clericus, que a su vez proviene del griego  (clericos), que se traduce al español como el que ha recibido las órdenes sagradas o el que tiene la primera tonsura, esto es, el corte de un mechón de cabello.

Actualmente, las autoridades católicas, consideran que este término deriva de la palabra griega κληρος (cleros), que se traduce como: fortuna, y metafóricamente como: herencia, porque dichas autoridades consideran que son los clérigos los herederos de la misión instaurada por Cristo en la Tierra.

En la Iglesia Católica, el clero es una clase sacerdotal que incluye al regular y al secular. El clero regular es el que sigue una regla; y no es secular porque vive ’fuera del siglo’, es decir, fuera de la sociedad de los hombres. Esta clase agrupa a los sacerdotes, monjes o frailes que han hecho votos monásticos, por lo que viven en comunidad enclaustrados en un monasterio. Por otra parte, el clero secular es el que vive ’en el siglo’, no viven en monasterios sujetos a una regla, sino que están adscritos a una parroquia, colegiata o catedral. En otras palabras, viven en de la sociedad de los hombres y son los que administran los sacramentos. Su organización jerárquica parte del Papa o de los patriarcas en el caso de la Iglesia Ortodoxa; continúa con los arzobispos, los obispos y los sacerdotes.

En la práctica, y especialmente en México, debido a la participación sociopolítica de los dirigentes de la iglesia católica a lo largo de la historia, se pueden identificar varias clases de cleros que pertenecen formalmente al secular. Así, hay un alto clero (arzobispos, obispos, cardenales y otros) y un bajo clero. La mayoría de los integrantes del alto clero forman el llamado ’clero político’, el cual está estrechamente vinculado con los gobiernos (principalmente con los de derecha), con el capital y con las clases altas sociopolítica y económicamente hablando. Generalmente, poca o nula identificación y sensibilidad tienen para con las clases bajas y desposeídas. Por otra parte, el bajo clero, regularmente lo forman algunos pocos párrocos. Buena parte de este clero es sensible y está identificado con las clases bajas (algunos de ellos incluso pertenecieron o aún pertenecen a la corriente ideológica de la teología de la liberación). Entre los integrantes de alto clero y del bajo clero, sigue habiendo cierta pugna ideológica y de poder.

Para algunos historiadores, el enemigo histórico de México ha sido el alto clero, el clero político y los pocos sacerdotes del bajo clero que los secundan. ¡La religión católica no es el enemigo de México, ni viceversa! Son algunos de los dirigentes y administradores de la Iglesia Católica los que han usurpado la verdadera función de las religiones y en su caso la misión de Cristo.

Para los clérigos que siguen las normas de la religión católica, que intentan ser buenos cristianos en este materialista y seductor mundo despiadado y que, sobre todo, aman a sus fieles como lo indican los evangelios canónigos: ’Amaos los unos a los otros’, merecen un reconocimiento social y comentarios laudatorios de todos y en lo particular del que escribe estas letras.

El autor de este ensayo desea cerrar este apartado con la siguiente pregunta al aire: ¿Los sacerdotes pederastas, como lo fue cierto jalisciense de los Legionarios de Cristo y que protegió el Papa Juan Pablo II, así como los homosexuales y los abusadores de monjas, los que recibieron ’limosnas’ del crimen organizado (del narco) y las ’purificaron’; o, los que juegan golf, u otros, a qué clase de clero pertenecen?...

Al respecto, caros lectores, permítanme recomendarles la lectura del reportaje editado en el suplemento semanal: Domingo, del diario El Universal, el No. 16, del 18 de marzo de 2012, intitulado: El hombre que retó a dos Papas, de Emiliano Ruiz Parra, en donde se narra el viacrucis de un ex legionario de Cristo para que se le escuchara e hiciera justicia; así como ¿Sería católico Jesucristo?, de Eduardo del Río, 2008, de la editorial Random House Mondadori.

LOS PONTÍFICES

El papado no es otra cosa que el espectro del fenecido Imperio Romano, sobre cuya tumba se yergue.
Thomas Hobbe (1588 a 1679).

Pontífice, es una palabra que se deriva de la latina: pontifex, que está compuesta por las raíces: pons, pontis y facio, que se traducen al español como: puente y como: hacer o construir, respectivamente. Siendo así, el pontífice es un constructor de puentes.

Actualmente, la mayoría de los clérigos católicos; así como de los dirigentes de cualesquiera otras religiones o sectas, se creen los únicos puentes autorizados en la Tierra entre los hombres comunes (la feligresía) y lo divino (Dios). En la antigua Roma, así no eran las cosas.

En el año 509 a. de C., Lars Porsenna, un rey etrusco, intentó restablecer en el trono de Roma a Tarquino el Soberbio, para lo cual organizó una guerra y sitió a la ciudad de Roma intentando tomarla por el puente Sublicio, pero Horacio Cocles, un soldado romano, le impidió el paso.

La leyenda afirma que ante el número de atacantes etruscos Horacio les ordenó a sus soldados que evacuaran el puente y que lo destruyeran mientras, él, permanecía en la otra orilla haciéndole frente a los sitiadores. Finalmente, su valor y pericia impidieron que Roma fuera tomada por los etruscos.

En conmemoración de esa heroica hazaña se creó un colegio de hombres que eran carpinteros y soldados a la vez y a los cuales se les confió la guardia y conservación de los puentes, por lo que se les llamó los pontífices. El jefe de ellos recibía el nombre de Summus Pontifex; y dicha dignidad llegó a ser una de las más caras e importantes de la antigua Roma. Cayo Julio César (101 a 44 a. de C.), por ejemplo, pretendió este título y finalmente lo obtuvo. Desde entonces dicho título fue prerrogativa de los emperadores. Paralelamente, el simple título de ’pontífice’, sin el calificativo de ’sumo’, llegó a ser el que se les daba a los magistrados sacerdotales que presidían los ritos y las ceremonias religiosas, y que el cristianismo primitivo consideraba como prácticas paganas.

Por esa consideración, Graciano (359 a 383 d. de C.), emperador romano cristiano, rehusó el título de Sumo Pontífice en el año 362. No obstante, un obispo de Roma menos escrupuloso, pero sí con mayor visión materialista que aquel emperador, se adjudicó esta dignidad netamente pagana y originalmente militar transformándola en cristiana, argumentando que, él, era el constructor del puente entre los hombres y Dios. Además, con este título, iniciaba sutilmente la sustitución en el trono imperial de los decadentes emperadores romanos por los que posteriormente se llamarían papas.


LA PALABRA ’PAPA’

El Papa es el jefe de los cristianos: un ídolo antiguo al que la costumbre ha hecho venerable.
Montesquieu (1689 a 1755).

Ahora, con respecto a la palabra ’papa’ y su significado, en los primeros siglos de la Era Cristiana se usaba para referirse especialmente a los obispos metropolitas o de las diócesis mayores en extensión e importancia, de tal forma que había muchos papas. Una de las primeras referencias a este calificativo aparece en una carta de Siricio, papa del año 384 al 399. Aunque este término se usaba indistintamente para referirse a varios obispos. No fue sino hasta el Siglo VII de nuestra Era que su uso se hizo exclusivo del obispo de Roma.

La palabra ’papa’, cuyas abreviaciones son ’P’ o ’PP’, en latín clásico significan: padre o tutor; este término proviene del griego:  (pappas), que se traduce como: padre o papá. Y desde el Siglo III de nuestra Era se usó en Asía Menor para referirse a los obispos en general; luego, como ya se anotó, fue exclusivo de los supuestos ’pontífices’ romanos.

Paralelamente, se ha afirmado que esta palabra es un acrónimo de la frase latina: Petri Apostoli Potestatem Acciepiens, que se traduce al español como: ’El que recibe la potestad del Apóstol Pedro’ o ’El que sucede al Apóstol Pedro’. Por otra parte, se asienta que Urbano II, Papa de 1088 a 1099, propuso el siguiente significado: Petri Apostoli Pontifex Augustus, que traducido libremente al español sería: ’El Apóstol Pedro es el Puente Consagrado’ o ’El Puente Consagrado es el Apóstol Pedro’. Otro significado más de esta palabra es el que simplemente se forma con la unión de las dos primeras sílabas de las palabras latinas pater et pastor, que se traducen como: padre y pastor.

LAS SEIS FÓRMULAS IGUALADORAS Y LAS TRES CARACTERÍSTICAS HUMANAS

Las diversas clases de cultos que prevalecieron en el mundo romano eran miradas por el pueblo como igualmente verdaderas; por los filósofos, como igualmente falsas, y por los magistrados, como igualmente útiles.
Edward Gibbon (1737 a 1794).

A esta altura se desprende que la actitud religiosa del hombre, esto es, la religiosidad individual, es una manifestación espontánea y puede darse sin que exista estrictamente todo un cuerpo eclesiástico para que surja o la promueva; pero, lamentablemente, esta religiosidad innata puede manipularse malamente.

Lo anterior es un infortunio, los astutos déspotas se han aprovechado de esta inclinación natural del hombre para crear verdaderos imperios de cobertura casi mundial de control espiritual e ideológico, consecuentemente político y económico. Es en este sentido que la concepción materialista acerca de las religiones es cierta. De acuerdo con algunos autores, esto ocurre gracias a que gran parte del cuerpo administrativo y político de las religiones (en el caso de la religión católica, del alto clero y parte del bajo clero) se ha valido de las siguientes formulas, mismas que caracterizan absolutamente a todas las religiones positivas y vulgares del mundo, haciendo a todas iguales:

1). Los dirigentes de las religiones han inculcado en los pueblos que Dios sólo opera a través de un pontífice (llámese éste: sacerdote, obispo, cura, párroco, ministro, pastor, rabino, imam, hombre santo u otros) y que para llegar a Dios sólo es posible por la intercesión de esos supuestos pontífices; y exclusivamente a través de todo el aparato material e ideológico que implica la religión que cada supuesto pontífice profesa.

2). La insistencia por parte de los supuestos pontífices de que la religión que abanderan es la única, la real, la cierta y la verdadera y que las demás religiones o corrientes del pensamiento sobre la deidad son equívocos de la razón o producto de algún poder negativo o diabólico (tentaciones del demonio o cosas así por el estilo), cuyos fines son los de confundir a los fieles.

A manera de ejemplo de esta característica, existe registrada la frase del Papa León XIII (de 1878 a 1903), cuyo nombre verdadero era Vincenso Gioacchino Pecci, y que así dice: ’La religión católica es la única verdadera’.

Por el momento no se contradirá esta afirmación, al contrario, en buena medida se comparte. Sin embargo, para comentarla, se requeriría un amplio espacio ex profeso.

3). La promesa constante por parte de esos supuestos pontífices de que los que sigan al pie de la letra los preceptos, mandamientos, sacramentos, rituales y demás manifestaciones objetivas de las religiones (las religiones positivas) que promueven, a su muerte (a la muerte de los fieles) serán premiados eternamente, serán saturados de una dicha incomparable, obtendrán la salvación, la garantía de una vida eterna y de otras promesas más.

4). La amenaza constante por parte de los supuestos pontífices sobre sus fieles, de que los que se separen de la religión o secta que capitanean o por no pertenecer a ella, serán víctimas eternas de castigos inenarrables y terribles: el purgatorio, el averno, el infierno, Satanás y demás. En el caso del catolicismo, imágenes al respecto, además de verse en innumerables grabados y pinturas de la Edad Media y del Renacimiento, se describen en la Divina Comedia, de Dante Alighieri (novela no entendida por el vulgo por ser profundamente esotérica).

5). La insistencia por parte de los supuestos pontífices en el aislamiento social de sus seguidores de otras religiones o corrientes ideológicas, so pena de caer en tentación, contaminación e incluso pecado. Realmente, el intercambio social implica la posibilidad de la pérdida de seguidores; y para las religiones positivas y las sectas, perder fieles conlleva la pérdida de poder político y la disminución de acopio de recursos financieros.

6). La insistencia por parte de esos supuestos pontífices sobre el aporte económico de sus seguidores en esta vida, ya que en su momento serán retribuidos o recompensados (ese momento siempre ha de llegar después de la muerte).

Sobre este último punto, cabe señalar que en cuanto a la aportación de recursos económicos al Vaticano (incluidas las limosnas), México está dentro de los cinco primeros países en el mundo que mayores recursos económicos le aportan, con todo y la terrible pobreza en la que han sido sumidos millones de católicos mexicanos. Así es la fe del pueblo.

Estas seis fórmulas, que mantienen a todas religiones positivas vivas, generalmente las presentan sus supuestos pontífices a sus seguidores (a sus fieles) en forma de argucias o sofismas aprovechándose de las tres siguientes características de la especie humana (pretenciosamente llamada por los biólogos: Homo sapiens… A veces se pregunta el de la pluma porqué de tan jactancioso nombre científico):

1). La conciencia del carácter evanescente de la vida: Afirman los etólogos (naturalistas que estudian el comportamiento animal) que un animal inferior ante el peligro (peligro de muerte) puede adoptar una postura de miedo e incluso puede fingir estar muerto; tal vez ese animal intuya que va a morir o llegue a saber que morirá, pero ese trance sólo lo adopta en ese momento de peligro. Pasado tal momento, si sobrevive, sigue su vida normal. En cambio, el hombre no requiere de momentos de peligro extremo para saber que va a morir, lo sabe de siempre, prácticamente desde que tiene cierto uso de razón y un poco de cultura. Esta situación se hace desquiciante con el tiempo y la única forma de superar esta certeza es creer que hay vida después de la vida, que el alma es inmortal. De esta forma se vence a la muerte. Esto lo sabe el astuto clero; y siendo así, se aprovecha de la buena fe, de la buena voluntad y de la esperanza de los hombres para garantizarles, a través de sus religiones, esa vida eterna.

Y aquí una aclaración necesaria: Con el párrafo anterior, no se está afirmando que no haya vida después de la vida, ni tampoco que sí exista esa vida, eso es una creencia personal, solamente se está resaltando en este momento el tendencioso y mal uso que algunos supuestos pontífices hacen en esta vida de dicha creencia.

2). La ignorancia: La falta de conocimiento y de conciencia imperantes en las masas, en las muchedumbres, hace del hombre, por su comportamiento colectivo innato, una especie de ente fácilmente manipulable y conducibles como un rebaño de ovejas por cualquier perro pastor. En el caso del humano, éste puede ser conducible por cualquier promesa o por cualquier amenaza. Ya Thomas Fuller (1608 a 1661), conociendo la naturaleza humana y coincidiendo crudamente con esta situación, describió de forma corta, pero por demás clara a las masas en cuanto a su ignorancia y a su conciencia con la siguiente frase: ’La muchedumbre tiene muchas cabezas, pero poco cerebro’.

A muchos gobiernos, con un clero ambicioso, retrógrado y retardatario atrás de ellos, les conviene tener a un pueblo adoctrinado y sumido en la ignorancia y en la inconciencia, tanto histórica como política y religiosa. Este tipo de pueblos son fáciles de gobernar (de engañar, de manipular y de explotar para mantener el sistema).

3). La neotenia humana: La neotenia es una condición biológica que se halla en ciertas especies animales en las cuales el adulto, con los años, adopta comportamientos juveniles o infantiles. El hombre viejo en cierta forma es como un niño, y como tal, requiere de una figura paterna, superior y grande que le de seguridad y protección, a la cual terminan admirando y queriendo (amando). Esta figura la pueden adoptar los supuestos pontífices o las ideas que sobre Dios inculquen estos mismos, sean como sean esas ideas.

Por esto no pocas veces las adorables abuelitas o las tías ’quedadas’ les heredan sus cosas al ’padrecito’, al clero, a la iglesia. En fin.

Estas tres condiciones que caracterizan al hombre les dan a los entusiastas, a los ambiciosos, a los astutos, a los déspotas, una espléndida base de acción para manipular a las masas a su antojo, de buena o de mala fe, ya sea para imponer ideologías y prácticas determinadas o simplemente para explotarlas. Estas tres características son en las que se basan los déspotas e impostores para imponer una religión positiva determinada o para inculcar las ideas de una corriente filosófica o política específica propia de algún partido o grupo en el poder (gobierno), lo cual ahora logran de manera eficiente con la valiosa ayuda de los medios masivos de ’comunicación’, cuyo descriptivo real sería realmente de medios masivos de manipulación; así como a través de la ’educción’ oficial, que realmente es ahora adoctrinamiento público.

Oscar Wilde (1854 a 1900) en una de sus frases describía explícitamente a esos déspotas: ’Hay tres clases de déspotas. Hay el déspota que ejerce su tiranía sobre el cuerpo. Hay el déspota que ejerce su tiranía sobre el alma. Hay el déspota que ejerce su tiranía sobre el cuerpo y el alma por igual. El primero se llama el príncipe; el segundo, el Papa; y el tercero el pueblo’. Sí, el pueblo, esa muchedumbre indomable, pero manipulable, como Polibio (200 a. de C. a 118 a. de C.), historiador griego, ya lo decía: ’La muchedumbre es fácil de guiar y puede ser movida por la más pequeña fuerza. Por eso sus agitaciones ofrecen una prodigiosa semejanza con las de las olas del mar’.

Con esto concluyo, pero aún hay más, se quedará pendiente por ahora un estudio histórico de la lucha por la libertad religiosa en México.

FUENTES DE INFORMACIÓN

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