TEXCOCO EN LA CONSPIRACIÓN REPUBLICANA


La ciudad de Texcoco pudo haber sido la capital de la República Mexicana.



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Enero 05, 2026 20:03 hrs.
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Roberto Antonio Huerta Paniagua / › Divergencias Informativa

Agustín de Iturbide, uno de los malos de nuestra historia

De acuerdo con la documentación histórica oficial de México, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, se describe como uno de los malos de la historia por haber encarcelado a los diputados del primer Congreso Constituyente y disuelto dicho Congreso, sin explicar a profundidad las causas de estos actos. Por ejemplo, Zoraida (2010), asienta que después de su coronación, el 21 de julio de 1822, ’los enfrentamientos entre Iturbide y el Congreso de agravaron con la llegada de Servando Teresa de Mier, republicano que, apoyado por las logias masónicas, empezó a conspirar contra el emperador…

La ineficiencia del Congreso para para resolver los problemas hizo que muchos diputados le aconsejaran disolverlo, lo que Iturbide hizo el 21 de octubre’. Ávila y Rojas (2012), un poco más amplios, sostienen que, después de las fiestas de coronación,’ …

Una buena parte de los diputados pertenecían a las logias masónicas escocesas y no estaban dispuestos a ceder ante las presiones hegemonistas del emperador. Además, la situación financiera se agravaba cotidianamente, sobre todo por la incapacidad y corrupción existentes en las filas del gobierno. …Las confrontaciones entre el soberano y los parlamentarios llegaron a extremos de acusarse mutuamente de traición a la patria. Como respuesta, en agosto de 1822 Iturbide mandó encarcelar a Servando Terea de Mier, José Joaquín Herrera, Carlos María de Bustamante y otros diputados; finalmente el 21 de octubre ordenó apoderarse militarmente de la sede del congreso y disolverlo’.

José Vasconcelos, en su obra ’Breve historia de México’, cuya primera edición es de 1956, en su muy peculiar estilo, deja entrever cierto contubernio contra Iturbide y relata estos eventos así: ’Lorenzo de Zavala… Unido con Ramos Arizpe… se ocupó de la instalación de las logias del rito escocés, que fueron el núcleo de la oposición a Iturbide en el Parlamento. …El Ejército…y el clero, apoyaban la designación de Iturbide como Emperador. …Los liberales, por su parte, hablaban de asesinar a Iturbide… Por fin, la noche del 18 de mayo, un sargento aleccionado convocó a la tropa y en la retreta hizo la proclamación del imperio. …En las provincias la proclamación del Imperio fue recibida con júbilo’ (Vasconcelos, 1971).

’Por el lado de Iturbide…se declinaba hacia el absolutismo. El Congreso fue disuelto y sustituido por una Junta de Gobierno de la que formó parte O’Donojú. A la muerte de éste quedó dueño de todo el poder Iturbide. Estando en el poder Iturbide regresó a México el Padre Mier,…Desde el principio se colocó el Padre Mier en la posición contra Iturbide y en favor de la república. Pero la verdadera dirección del movimiento liberal mexicano había de quedar en manos extranjeras; correspondió al representante de los Estados Unidos, don J. R. Poinsett …La política interior la dominó Poinsett por medio de la creación de logias que ya no respondieran a la influencia inglesa y francesa, sino directamente a la influencia Norteamericana. Tal fue el objeto del rito yorkino cuya matriz estuvo siempre en Nueva York’ (Vasconcelos, 1971).

De manera inesperada, el Prof. Ángel Miranda, en su libro ’La evolución de México. Curso completo abreviado para las escuelas secundarias’, cuya primera edición fue lanzada en 1962, manifiesta explícitamente que hubo un plan para para declarar nula la elección de Iturbide y proclamar un gobierno republicano. Pero también hace hincapié en el arresto de los dirigentes de ese plan y la disolución del Congreso:

’Los ministros de Estado de la anterior Regencia fueron confirmados en sus puestos y fue conservado el mismo Congreso que había elegido al emperador; pero éste comenzó …a manifestarse con miras absolutistas, pretendiendo concentrar el poder público. Por esta y otras razones se fue recrudeciendo la oposición entre Iturbide y el Congreso, en el cual había un fuerte grupo de ideas republicanas, apoyados por las logias masónicas y muchos jefes el ejército. De aquí surgió un plan que consistía en trasladar el Congreso [a otro lugar fuera d la Ciudad de México] …se declararía nula la elección de Iturbide y se proclamaría un gobierno republicano’ (Miranda, 1967).

’Pero esta conspiración fue denunciada al emperador, quien ordenó el arresto de los principales dirigentes de la Cámara, lo cual causó indignación en el Congreso por considerar que sus miembros eran inviolables, y envió una protesta al emperador. En vista de esto, Iturbide resolvió disolver el Congreso, comunicando la orden a los diputados por conducto del brigadier Cortázar, y estos abandonaron la Cámara sin oponer resistencia’ (Miranda, 1967).

Y, recientemente, Herrera (2018), en un tenor similar señala: ’Lo primero que hizo Iturbide fue disolver el Congreso, y ordenar aprehender a varios diputados de la facción republicana, acusándolos de conspiración en su contra. …Lo cierto es que efectivamente se había fraguado un plan que consistía en sublevar a la guarnición de la capital y bajo su protección trasladar el Congreso [a otro lugar fuera de la Ciudad de México], …en donde se declararía nula la elección de Iturbide; pero todo se descubrió’.

Veamos ahora en seguida, de manera más detallada, esa conspiración.

LOS CONSPIRADORES REPUBLICANOS

Como ya se deduce, desde antes de la proclamación de Agustín de Iturbide como emperador del Imperio Mexicano por el Congreso Constituyente, los diputados republicanos del Congreso, así como muchos militares y ciudadanos en las provincias y en la propia capital del ahora Imperio, manifestaban su oposición al régimen monárquico. No obstante, hubo una aceptación y apoyo generalizado por el ascenso de Iturbide a esta categoría, por lo que los inconformes eran launa minoría y estuvieron unos días sin manifestarse. Pero llegaron a México personajes que se opondrían férreamente al Imperio, como Miguel Santa María, ministro plenipotenciario de Colombia ante México, y Vicente Rocafuerte, quienes partirían a los Estados Unidos para evitar que el gobierno de ese país reconociera al Imperio de Iturbide. Posteriormente, el 11 de junio de 1822, llegó a la Ciudad de México, fray Servando Teresa de Mier, convencido republicano y principal oponente de Iturbide. Paralelamente, empezaron a ocupar sus lugares en el Congreso los diputados de las provincias, muchos de los cuales eran republicanos, entre ellos, el mismo Servando Teresa, quien ocupó su sitio el 15 de junio. Aunque seguía habiendo un buen número de diputados iturbidistas.

La situación del Imperio era caótica, estaba prácticamente en bancarrota, se redujeron los ingresos, la ostentación de la corte era escandalosa, lo que causaba descontento y rechazo al Imperio; y, por otra parte, aumentaban los gastos del ejército a fin de evitar insubordinaciones, deserciones o levantamientos por falta de pagos a la tropa. Además, había ya un franco enfrentamiento entre los poderes, el ejecutivo y el legislativo alrededor de la interpretación de la Constitución de Cádiz (vigente en ese entonces en el Imperio) y las facultades tanto del Congreso como del emperador. Estos conflictos no nada se daban dentro de la Cámara, sino que eran también del dominio público a través de panfletos y otros comunicados. Eran así los enfrentamientos que, de manera espontánea, tomando partido, el 31 de julio de 1822 hubo manifestaciones tumultuosas que exigían la disolución del Congreso y el establecimiento de un régimen absolutista. Entre tanto, las disputas entre los poderes continuaban y la balanza parecía inclinarse a favor de los iturbidistas.

Por otra parte, el general Guadalupe Victoria, en rebeldía contra el Imperio y supuestamente escondido, era visto como un personaje aglutinador de los descontentos, por lo que contaba ya con el apoyo de varios militares y personajes locales que lo veían como sustituto del emperador en un régimen republicano.

En este escenario, y muy importante recalcarlo, los republicanos pensaban que quedaban como un grupo minoritario con intereses contrarios a los de la nación y sin la aprobación unánime del Congreso, por lo que eligieron el ilegal e inconstitucional camino de la clandestinidad, creando un grupo de conspiradores al margen del Congreso para poder derrocar a Iturbide.

Para esas fechas ya se habían formado también grupos de conspiradores en ciudades de algunas provincias; sin embargo, los agentes imperiales lograron descubrir algunos y fueron intervenidos y sus miembros apresados. Importante fue la intervención de los espías del gobierno en la ciudad de Puebla en el mes de julio, lo que les permitió entrar en contacto con los conspiradores de la Ciudad de México.

Desde que llegó Servando Teresa a la Ciudad de México, en el mes junio, empezó a convocar en su casa a varios descontentos con el imperio; y en dicha casa y en otras, como las de Juan Pablo Anaya, Agustín Gallegos y una más en la calle Tlapaleros, continuaron las reuniones clandestinas (al margen de las reuniones del Congreso).

Uno de los objetivos de los conspiradores era reclutar al mayor número de colaboradores, principalmente militares. A finales del mes de julio, se unieron al grupo dos hombres que parecían ser muy decididos, Adrián Oviedo y Juan Bautista Morales. En la capital, Oviedo trató con el alférez Anastasio Zerecero, un convencido republicano, y asistió a dos reuniones en la casa de Juan Pablo Anaya, donde conoció a varios conjurados más.

El 7 de agosto, hubo una reunión en la casa de fray Servando Teresa, a la que asistieron, entre otros, Oviedo, Anaya, Morales y Zerecero. En esa ocasión se discutió la petición del emperador al Congreso para establecer tribunales militares en las provincias, a raíz de las conjuras recién descubiertas y juzgar a los apresados. Servando Teresa creía que había ya una lista de diputados conspiradores que serían pasados por las armas o por lo menos apresados. Así que se ideó un plan que consistía en apresar a Iturbide y proponía que había que asesinarlo, así como trasladar el Congreso a la ciudad de Texcoco o de Teotihuacán (Ávila, 2004), para que una vez libre, pudiera declararse por la república. Miranda (1967) y Herrera (2018), con respecto al traslado del Congreso a otro lugar fuera de la Ciudad de México, solamente menciona a la ciudad de Texcoco como destino.

El 8 de agosto hubo otra reunión en la casa de Gallegos, en las que estuvieron Zerecero, Oviedo, Servando Teresa y Manuel Ochoa. Ahí se comentó el apoyo del capitán Antonio del Río, con la gente de su hacienda cercana a Coyoacán. El 13 de agosto, hubo otra reunión más en la casa de Luis Iturribarría, con la asistencia de Morales y nuevamente Zerecero y Oviedo, para hacer un recuento de los hombres dispuestos y los lugares donde se contaba con apoyo.

Para esos días ya se tenía completo el plan: arrestar al emperador, trasladar el Congreso y establecer un gobierno provisional con el nombre de dieta, esto es, un poder ejecutivo colegiado. Sin embargo, Agustín de Iturbide se encontraba entonces en Tacubaya, desde donde despachaba. Por este motivo, Tomás Castro, el encargado de arrestarlo, convocó a una nueva reunión en la casa de la calle Tlapaleros en la noche el 21 de agosto. Ahí, manifestó ante Anaya, Iturribarría y Oviedo, que no se atrevía a ir a Tacubaya para llevar a cabo el plan porque allá no contaba con fuerzas militares suficientes (Ávila, 2014).

El 23 de agosto fueron las dos últimas reuniones, una en la mañana, con Zerecero, en donde éste le dio a Oviedo una carta para Luis Segura, en la que se daban instrucciones para el inminente estallido de la rebelión, se detallaba el plan y los nombres de los que se levantarían en armas en apoyo; así como los lugares en todo el Imperio en donde había seguidores. En la reunión de la tarde, en la casa de Anaya, se fijaron los últimos detalles y se intercambiaron claves para mantener la correspondencia cifrada. En esta reunión, Oviedo, alegó que debía ir Imperiosamente a Puebla, en donde su presencia era necesaria para dar inicio a la revuelta.

Pero lo que no sabían los conspiradores era que Adrián Oviedo era realmente un alférez del ejército imperial infiltrado; y en lugar de ir a Puebla, fue con su jefe, el coronel Luciano Velásquez, a darle toda la información que había obtenido.

Con las acusaciones del coronel Velásquez y de otros militares y personalidades proclives a la monarquía, el secretario de Relaciones, José Manuel Herrera, y el subsecretario, Andrés Quintana Roo, decidieron que ya era hora de actuar contra los conspiradores. El 24 de agosto enviaron instrucciones al coronel Manuel Gómez Pedraza para hacerse cargo de la gente con la que se pudiera contar.

Iturbide había desestimado los ’rumores’ de una conspiración y le había prometido al presidente de la Cámara de Diputados, Cirilo Gómez, que no actuaría contra los representantes de la nación, Sin embargo, cuando José Manuel Herrera llegó a Tacubaya con las pruebas para proceder contra los conspiradores, se descubrió que varios diputados habían participado activamente en esta conjura y que otros estaban de alguna manera implicados. En consecuencia, Iturbide, con Juan José Espinosa de los Monteros, realizaron una lista de los que había que arrestar.

Las ordenes de aprehensión fueron firmadas el 26 de agosto por el subsecretario, de Relaciones, Quintana Roo, y por la noche de ese día el general José Antonio de Andrade, procedió a su ejecución. Esa noche fueron apresado 66 personas, entre las que había varios diputados, ciudadanos y militares, principalmente el 11 de caballería y del 4 de artillería. Después de estas aprehensiones, el emperador designó de inmediato a su secretario particular, Francisco de Paula Álvarez, como fiscal especial de la causa.

Las pesquisas continuaron y en días posteriores fueron apresados otros conspiradores. El 7 de septiembre el alférez Anastasio Zerecero, ya preso, fue trasladado a la Ciudad de México y sometido junto con otros conspiradores a interrogatorios y careos, especialmente con los agentes imperiales Luciano Velásquez y Adrián Oviedo, y pronto los implicados cayeron en contradicciones y acusaciones mutuas, principalmente por parte de Zerecero, quien terminó admitiendo su participación en la conspiración y delatando a todos sus compañeros (Ávila, 2004).

No pasó mucho tiempo y el agente infiltrado, el alférez Adrián Oviedo, fue premiado por su trabajo con el empleo de teniente de su regimiento con el grado de capitán, además, fue condecorado con las cruces de la Primera Época y la de Córdoba.

Los arrestos en general fueron bien vistos por la población, incluso hubo diputados que celebraron que varios de sus compañeros fueran aprehendidos por conspiración. No obstante, el arresto de los diputados en lo particular causó indignación en el Congreso por considerar que sus miembros eran inviolables y envió una protesta al emperador. Los enfrentamientos entre los poderes continuaron y el 31 de octubre de octubre siguiente, supuestamente porque no se le concedió a Iturbide el veto a las leyes constitucionales que expidiera el mismo Congreso y porque los diputados no se plegaban a otras de sus exigencias, ordenó su disolución, comunicando la orden a los diputados por conducto del brigadier Cortázar; entonces, éstos, abandonaron la Cámara sin oponer resistencia. Después de este acto, Iturbide procedió a formar un nuevo cuerpo legislativo, al que llamó Junta Nacional Instituyente, integrada por partidarios y adherentes al Imperio, con el encargo de redactar la Constitución del Imperio Mexicano.

En este escenario, en diciembre de 1822, el general Antonio López de Santa Anna proclama el Plan de Veracruz, con el que convoca a los antiguos insurgentes de ideas republicanas e inconformes con el régimen imperial a levantarse en armas. A este plan se adhieren los generales Felipe de la Garza, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria. Después el 1° de febrero de 1823, proclama el Plan de Casa Mata, que tuvo la intención de instalar un nuevo Congreso, declarar nulo el Imperio y desconocer a Iturbide como emperador. A este plan se unieron además algunos jefes del ejército imperial, como José Antonio de Echávarri, Luis Cortázar y Rábago y José María Lobato.

Iturbide envió a su ejército a combatir a Santa Anna, pero este se unió a los alzados e Iturbide se vio obligado a reinstalar el Congreso, lo cual aconteció el 7 de marzo de 1823. Posteriormente, presionado, abdicó al trono el día 19 del mismo mes y se exilió a Italia. Durante su ausencia, el Congreso lo declaró ’traidor y fuera de la ley en caso de que se presente en el territorio mexicano, declarándolo como enemigo público del Estado, y a todo aquel que le ayudase a su regreso’.

La abdicación de Iturbide no fue discutida en el Congreso porque consideraron al gobierno imperial nulo y nulas también todas las disposiciones emanadas de éste. El 29 de marzo, el Congreso decretó la desaparición del poder ejecutivo y al día siguiente nombró un Supremo Poder Ejecutivo, que tomó posesión el 31 de marzo.

El Congreso seguía siendo de tendencia centralista y se enfrentaba a las altas esferas militares, que se inclinaban por una república federal. Por lo tanto, convocó a elecciones para un nuevo Congreso Constituyente y se disolvió. El segundo Congreso, integrado con un gran número de representantes federalistas, fue el que expidió el Acta Constitutiva de la Federación Mexicana.

Respecto a Iturbide, sin conocer la resolución del Congreso sobre su persona, regresó a México en 1824. Según unos autores, animado por viejos iturbidistas; otros, para advertir al gobierno sobre una conspiración para reconquistar México. Al desembarcar en Soto la Marina, Tamaulipas fue arrestado y posteriormente ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 19 de julio de 1824.

MUY BREVES COMENTARIOS FINALES

Como ya se mostró, la historia oficial parcialmente muestra la actuación de Iturbide apresando diputados y disolviendo al Congreso, sin describir esa conspiración en su contra que incluía hasta asesinarlo. Y es que para crear a los malos de la historia fue necesario, en este caso, enmascarar o borrar de eta historia dicha conspiración y a los conspiradores.

La conspiración fue ilegal, los diputados republicanos no plantearon sus posturas políticas dentro de la Cámara, sino fuera de ésta y en el clandestinaje. Descubiertos, las aprehensiones se hicieron conforme a la Constitución de Cádiz, que era la vigente en esos momentos de la historia de México, recuérdese que aún no se había expedido ninguna constitución del imperio ni de la república; tampoco legislación alguna.

Así que, de manera imparcial, neutral, ni apasionada, sin ánimos de defender la imagen ya creada de Iturbide ni de mancillar el nombre de los conspiradores, vale tener un panorama completo de este momento histórico para crear un juicio más equilibrado y objetivo del hecho y de los personajes involucrados en esos momentos de la historia de México.

Y con respecto a la ciudad de Texcoco, pues, pudo haber sido la capital de la República Mexicana.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Ávila C., E, y A. Rojas T. 2012. Historia de México II. Ediciones Quinto Sol, S.A. de C.V. México, D.F. pp. 21-26.
Ávila, A. 2004. ’La conspiración republicana’. En: Para la libertad. Los republicanos en tiempos del Imperio 1821-1823. Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México. Publicado en línea en formato PDF 2019. pp. 115-174. Disponible en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/423/libertad_republicanos.html
Herrera P., M. 2018. Historia de México en Mapas Conceptuales. Editado por Prof. Mario Herrera Pineda. Lomas de Cristo, Texcoco, México. pp. 164-167.
Miranda, B., Á. 1967. La Evolución de México. Curso completo para escuelas secundarias. Editorial Herrero, S.A. México, D.F. pp. 337-341.
Saldívar y S., G. 1960. Presidentes de México (la sucesión gubernamental de 1821 a 1960). Editorial Periódicos, S.C.L. La Prensa. México, D.F. pp. 2-5.
Zoraida V., J. 2010. ’El establecimiento del México independiente, (1821-1848)’. En: von Wobeser, G. Coordinación. Historia de México. Fondo de Cultura Económica. Secretaría de Educación Pública. Presidencia de la República. México, D.F. pp. 163-183.

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