En las nubes

Seguimos en la poética, no política

Carlos Ravelo Galindo

 Seguimos en la poética, no política

Periodismo

Noviembre 18, 2019 18:44 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › guerrerohabla.com

No hay nada más inspirador que aquellos que ya la encontraron antes que nosotros.
Sí. La belleza y la maestría. En sonetos.
Todo lo dedicamos a nuestra nieta la licenciada Ana Sofía Ravelo de Aréchiga, que apenas cumplió ayer sus primeros treinta años y que su hijo Valentino y su esposo Jaziel le entonaron las mañanitas.
Felicidades
En esta ocasión queremos recordar al autor español neoclásico, Leandro Fernández de Moratín.
Fue un dramaturgo del Siglo XVIII y el teatro era su pasión, pero creaba sonetos cortos de gran belleza y maestría.
Queremos compartir cinco de ellos y que conozcas un poco la obra de este ilustre autor de lengua hispana.
Pongamos sus denominaciones en negritas. Lo merecen:

A Flerida, poetisa
Basta Cupido ya, que a la divina
Ninfa del Turia reverente adoro:
ni espero libertad, ni alivio imploro,
y cedo alegre al astro que me inclina.
¿Qué nuevas armas tu rigor destina
contra mi vida, si defensa ignoro?
Sí, ya la admiro entre el castalio coro oigo su voz, su número elegante.
Para tanto poder débil trofeo
adquieres tú; si sólo su hermosura
bastó a rendir mi corazón amante.

Julio Bruto
Suena confuso y mísero lamento
por la ciudad; corre la plebe al foro,
y entre las faces que le dan decoro
ve al gran Senado en el sublime asiento.
Los cónsules allí. Ya el instrumento
de Marte llama la atención sonoro;
arde el incienso en los alteres de oro,
y leve el humo se difunde al viento.
Valerio alza la diestra; en ese instante
al uno y otro joven infelice
hiere el lictor, y sus cabezas toma.
Mudo terror al vulgo circunstante
ocupa. Bruto se levanta, y dice:
«Gracias, Jove inmortal; ya es libre Roma.»

Por nada, como ves -Siete duros al mes de peluquero;
para calzarme, nueve; las criadas
-que necesito dos- no están pagadas
si no les doy cien reales en dinero.
Diez duros al bribón de mi casero;
telas, plumas, caireles, arracadas,
blondas, medias, hechuras y puntadas
de madama Burlet y del platero…
noventa duros, poco más. -Noventa,
diez, siete, nueve, cinco… ¡Y la comida!
-¿No la quiere pagar, y somos cuatro?
-¿Y esto en un mes? -Si a usted no le contenta…
-Sí, calla. Bien. ¡Hermosa de mi vida!…
¡Ay del que tiene amor en el teatro!

La noche de Montiel ¿Adónde, adonde está, dice el Infante
ese feroz tirano de Castilla?
Pedro al verle, desnuda la cuchilla,
y se presenta a su rival delante.
Cierra con él, y en lucha vacilante
le postra, y pone al pecho la rodilla:
Beltrán (aunque sus glorias amancilla)
trueca a los hados del temido instante.
Herido el rey por la fraterna mano,
joven expira con horrenda muerte,
y el trono y los rencores abandona.
No aguardes premios en el Mundo vano
la inocente virtud; si das la suerte
por un delito atroz, una corona.
La despedida Nací de honesta madre: diome el Cielo
fácil ingenio en gracias, afluente:
dirigir supo el ánimo inocente
a la virtud, el paternal desvelo.
Con sabido estudio, infatigable anhelo,
pude adquirir coronas a mi frente:
la corva escena resonó en frecuente
aplauso, alzando de mi nombre el vuelo.
Dócil, veraz: de muchos ofendido,
de ninguno ofensor, las Musas bellas
mi pasión fueron, el honor mi guía.
Pero si así las leyes atropellas,
si para ti los méritos han sido
culpas; adiós, ingrata patria mía.



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