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De adicto a ADICTO

No te confundas tú fuiste el que eligió tu destino

Ernesto Salayandía García

No te confundas tú fuiste el que eligió tu destino

Salud

Junio 07, 2021 21:09 hrs.
Salud Nacional › México Chihuahua
Ernesto Salayandía García › Divergencias Informativa

La ignorancia, sinónimo de negación

El gran problema que tenemos como sociedad, es que no queremos aceptar la magnitud de la enfermedad emocional que nos tiene secuestrados, no ha orillado, propiamente a la decadencia y a la ruina familiar, cuando hay, un drogadicto en casa, un borracho empedernido, ya sea un fármaco, ludópata, maniaco depresivo, en enfermo con sus tendencias adictivas y conductas toxicas, logra desequilibrar su hogar, siembra incertidumbre, bañada de sicosis, los conflictos y pésima comunicación, provocación faltas de respeto, el borracho o el enfermo no lo entiende, se hace pasar por la víctima, cuando él es el victimario y este huracán rugiente puede durar años, tendrá, la familia, cortos periodos de vacaciones, suspiros momentáneos, cuando el enfermo sea internado en un centro de rehabilitación, al regresar, será como los toros viejos, se echara para atrás, solo para agarrar mas vuelo, no se trata de un resfriado, el alcohólico, la drogadicción y las enfermedades emocionales son para toda la vida, lo que logramos es una suspensión, pero adicto lo soy, lo seré, hasta después de cinco días de muerto, la familia igual, adquiere una dolorosa enfermedad que se llama codependencia y se mantiene en una zona de indiferencia, tratando de salvar, rescatar y sacar adelante a su enfermo, creyendo que él es el problema, cuando el verdadero problema, es integral, de todos.

Enfermedad emocional sin límites

La rehabilitación de un drogadicto, sea farmacodependiente alcohólico o marihuano, adicto a los fármacos, peyote, Cristal, ácidos, o a la depresión, es extremadamente difícil, aunque no imposible, el factor determinante para salir del hoyo o quedarse en él son los defectos de carácter, el vacío espiritual, no religioso, la autoestima baja, los patrones de conducta soberbios , todo está personalidad tóxica que se adquiere en la niñez y es precisamente lo que hay que cambiar para romper con el fracaso, cambiar la actitud la manera de pensar, incluso el lenguaje oral, corporal y mostrar ante la vida, ante uno mismo un verdadero cambio de actitud, esta enfermedad tóxica tiene que ver con la pereza, por ejemplo la pereza física y mental que trae consigo aburrimiento, apatía, indiferencia desgrane, endebles, total conformismo mediocre.

También el individuo, no cree en él, por eso no cree en nadie, es un tipo sin fe, sin valores, sin una estructura emocional y en este proceso, es un ser aislado, refugiado en la soledad de su cuarto, durmiendo o prendido la computadora, igual, en los aparatos electrónicos, es un ser raro de comunicación corta, acomplejado, tímido lleno de miedos y traumas, no sé es libre por sus pensamientos tóxicos es un candidato seguro a la depresión crónica, es un candidato seguro al fracaso en todos los sentidos, árbol que nace torcido jamás su rama endereza, lo que mal empieza, mal acaba, el que nace para maceta del corredor no pasa. Como padres cometemos muchos errores y dañamos a los hijos no nos percatamos del pésimo ejemplo que transmitimos, se nos olvida, que ellos son unas esponjas que lo aprenden y lo aplican de inmediato hay que recordar que soy espejo y me reflejo, hay que tomar en cuenta que con la vara que midas serás medido, esta enfermedad por desgracia tiene su origen en los hogares disfuncionales, pero por fortuna tiene la solución precisamente en disfuncionalidad del hogar, confirmo, que cualquiera que quiera, ahí no se queda, es una decisión personal.-

El que por su gusto muere... hasta la muerte le sabe.

Alcohol y drogas: sentencia de muerte

Una noche, como muchas otras, sufría de desesperación por no poder respirar bien, tenía dificultad al inhalar oxigeno debido a que mis fosas nasales estaban completamente taponadas, secas, con costras de cocaína, mi quijada, entumida, enclochada, entumida, como mis manos y brazos, desesperado, me eche gotas para la nariz, drogado me fui a la estufa y puse una hoya con agua y vik vaporru, lo inhale, una y otra vez, sin lograr mayores resultados, me unte vaselina, me puse gotas para los ojos y nada, no podía respirar debido a los enormes tapones de mucosidad en mis orificios nasales, secos por la porquería, generándome dolor en el tabique y una enorme frustración por no poder respirar.

Puedes visualizar mi recamara, la de un borracho drogadicto, maniaco depresivo, ropa sucia tirada por todos lados, los ceniceros desbordando cenizas y colillas de cigarros, papel de baño, clínex, calzones, calcetines, imprentados de mocos con sangre, me sonaba la nariz con las sabanas, fundas, con cualquier cosa, me daba pereza levantarme al baño, puedes ver, los vasos medios llenos, medios vacíos, platos, cubiertos, tasas, sucios, y mucha basura, por supuesto, el cuarto olía a los mil demonios, yo, pasaba ahí hasta cinco días sin salir, sin bañarme, fumando y bebiendo, periqueando e inyectándome a cada momento, tres miligramos de morfina sintética, ahí estaba hundido en depresión, sin fuerzas, atrapado por la maldita rutina de sustanciarme, de trágame un mundo de pastillas antidepresivas, no hubo poder humano que me sacara de ese infierno, no podía parar, recuerdo, que después de días de abstinencia, que los tuve, yo lloraba cada vez que inhalaba el primer pase de cocaína de esa noche, porque sabía perfectamente lo que venía, la tormenta de las emociones que me secuestraba y se adueñaba de mi vida.-

No puedo respirar, voy a morir asfixiado.-
No podía parar.- Muerto en vida

Esa noche, mi cuerpo cayo boca abajo en mi cama King sisé, cansado de mis excesos, rendido y ya dormido, vi una cara en mi mente, luego, entre a un largo túnel negro y vi, sentí, como dos caras mías se movían con gran fuerza, tratando de chocar una con la otra, fue una sensación extraña. Demasiado rara, luego caí en un abismo, como diría el poeta, profundo y negro, toque fondo.

La oscuridad era inmensa por todos lados, después, vino el silencio absoluto, cero ruido y ahí se perfectamente que estoy muerto y no respiro, en ese instante, le grito a ¡Dios!- Dios, ¡Dios!, no quiero morir, por favor, Dios, no quiero morir, levanto sudando, temblando, lleno de miedos, me voy al baño y me miro al espejo, soy la tristeza arrolladora, mis hombros caídos, mi mirada apagada, mi piel amarilla, seca, aspera, lo blando de mis ojos, que se llama esclerótica, ofrece un café cenizo, ojeroso, apagado sin luz, me miro y lloro frente a mi rostro deprimido.- ¡Estúpido, estúpido!, mira lo que has hecho con tu vida, eres un vil mediocre, drogadicto, estas en la ruina .- Sigo llorando, me sigo viendo, muy decepcionado de mí mismo, sé que tuve un paro respiratorio, que estuve muerto, que Dios me dio una oportunidad, porque cuando comencé a despertar, vi, sentí una fuerte luz, esplendorosa dentro de mi.-
No quería o no podía abandonar mi adicción.


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