Opinión
¡Cosas Veredes, Chonito!

Libertino


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Nacional / México / Azcapotzalco
Cultura

’Es posible que al ver mi humildad
Ella quede satisfecha de mi amor’

No ocultaré ni la pena ni la pasión.
Es la historia de un niño de tres años y un libertino a quien le gustaban mucho las mujeres, de otros.
Este hombre había oído hablar de una hermosa y atractiva mujer que vivía en una ciudad distinta a la suya. El libertino partió, pues, en dirección a la ciudad que ella moraba. Se llevó consigo un regalo y le escribió un mensaje en el que le describía los grandes sufrimientos de amor y de afecto por ella y cómo el amor le había obligado a abandonar su ciudad para dirigirse a la de ella. Ésta le permitió que se dirigiera a su casa y cuando él llegó y entró, ella se levantó, lo recibió con honor y respeto, le besó las manos y lo agasajó magníficamente con comidas y bebidas.
Ahora bien, ella tenía un niño de tres años, al que dejó abandonado para dedicarse a guisar los manjares.
-Anda, vamos a la cama, le dijo el hombre a la bella mujer.
-Mi hijo nos está mirando, contestó ella.
-Es un niño pequeño –añadió el hombre que ni entiende ni sabe hablar.
-Si tú supieras cuánto sabe, no hablarías de ese modo, dijo la madre.
Cuando el niño comprendió que el arroz estaba ya cocido, se echó a llorar.
-¿Por qué lloras hijo mío, preguntó la madre.
-Sírveme arroz. Dijo el pequeño y el niño comió.
Luego el pequeño echó a llorar de nuevo.
-¿Por qué lloras, hijo mío?, le preguntó la madre.
-Madre –respondió el niño- échame también azúcar.
-Tú no eres sino un niño maldito, exclamó entonces el hombre enfurecido contra él.
-¡Por Dios’, le dijo el niño, tú eres el único maldito, pues te has tomado esta molestia y has abandonado tu ciudad en busca de adulterio. En cuanto a mi, mi llanto estaba causado por una cosa que tenía en el ojo y que he expulsado con mis lágrimas, y después de eso he comido arroz y azúcar y estoy satisfecho. Por tanto, ¿Quién de nosotros es el maldito?
Aquél hombre se avergonzó ante las palabras de aquél niño. Se arrepintió. No le hizo nada a la mujer, regresó a su ciudad arrepentido hasta su muerte.
¡Cosas Veredes, Chonito!


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