De adicto a ADICTO salud

Genética, maldita, La Saliva del Diablo

Ernesto Salayandía García

Genética, maldita, La Saliva del Diablo


Salud

Octubre 20, 2020 18:38 hrs.
Salud Nacional › México Chihuahua
Ernesto Salayandía García › Divergencias Informativa

En muchos grupos de autoayuda donde he sido invitado para compartir, me da la impresión, de que los argumentos que manejó, respecto a la herencia genética, en relación al alcoholismo, ansiedad, neurosis, conductas toxicas y que los hijos de abuelos y padres alcohólicos, neuróticos, maniaco depresivos, tienen un alto nivel de predisposición de caer en las garras de esta maldita enfermedad, no solo en adicciones, sino en su personalidad, trastornos, traumas, considero, en lo personal, que el adicto nace y después se hace al crecer en un hogar disfuncional, he estado investigando y echándome un clavado a mi árbol genealógico, también he analizado a infinidad de compañeras y compañeros en desgracia que no han podido salir del hoyo y no han logrado la libertad, ni disfrutar el vivir libre de drogas, por ello, puedo afirmar, qué esta enfermedad, perra diabólica, maldita, es una enfermedad genética, y en esta investigación y en base a mi propia experiencia, también puedo afirmar, que el origen de mi enfermedad, es una herencia emocional, soy neurótico, impulsivo, violento, como mi padre, soy víctima de conductas toxicas es decir la ansiedad, igual o peor que mi madre, la neurosis, el mal o el buen humor, así como la voz y la risa, son parte de esta tenencia y se confirman, los dichos como los que dicen, -Eres Igualito a tu padre- Eres igualita a tu madre.- Te pareces mucho a tu tío Manuel.- Eres como tu abuelo.- Y es real la herencia genética emocional se palpa de una generación a otra.- Soy alcohólico como mi abuelo Enrique y mi tío Federico. La genética emocional, es hereditaria, la ciencia médica lo confirma.

La familia Pérez
Conocí a este matrimonio hará cosa de unos 30 años así como a sus cuatro hijos Fabián, Pepe, Ramón y Úrsula eran unos pequeños niños, los vi crecer y estuve en la boda de cada uno de ellos.- El Señor Pérez, Ingeniero minero, extremadamente serio, no se le escapaba una sonrisa ni por equivocación, destilaba rigidez y una profunda seriedad, mostrando, poca o nula conversación y muy reservado al hablar, con él no sabías si estaba enojado o te iba a mentar la madre, porque su expresión, era así de seca, cara de palo, de pocos amigos, su esposa, en cambio mostraba otro lenguaje facial, es el lenguaje qué muchas personas tienen y que reflejan un serio enojo, enojada con la vida, amargada, ceño fruncido, boca y labios apretados, mandíbula tensa, de una mirada que si fueran puñales podría matar a quién viera cara a cara, una mirada como de odio, repudio o rechazo, así, pues de pocos amigos y con el tiempo, la genética cobro vigencia, los niños crecieron y se hicieron adolescentes pero los cuatro mostraban está herencia genética, estos genes arraigados en ellos, sus rostros, llenos de rigidez y de enojo, una familia reservada, aislada de los ámbitos sociales y con costumbres muy raras, al menos ajenas a una buena comunicación y excelente convivencia, por el contario, eran, la familia, sin amigos, yo no viví en una familia así, yo no vi un rostro de enojo en mi padre o una expresión neurótica en mi madre por el contrario, creo yo que mis padres eran ecuánimes, simpáticos y buena onda, siempre y cuando no explotaran, porque eran mecha corta, sálvese quien pueda, todos mis hermanos, somos explosivos, un pan de dulce por las buenas, mientras que en esta familia, la de los Pérez, el sello de garantía fue y es aún la neurosis, la formalidad, lucho contra mis defectos de carácter.

De tal palo, tal astilla
Casualmente me tocó estar en las bodas del registro civil y en las de la iglesia de los cuatro jóvenes Pérez y recuerdo que hay muchos factores en común en ellos, la imagen que tengo, grabada en mi mente, es que cada uno de los hijos del matrimonio Pérez, tenía un lenguaje facial extremadamente seco, inexpresivo, por demás rígido, no había sonrisas en sus caras, no denotaban, alegría ni emoción, ante el acto de amor que estaban supuestamente, atestiguando, por el contrario daban la impresión que estaban incómodos, que no les era grato el estar celebrando la unión con su pareja, esas caras de repudio y de amargura, denotaban, como si se tratara de un funeral, la alegría brilló por su ausencia, tanto en la iglesia, como en la oficina del registro civil y por supuesto en el salón de baile, no les vi la más mínima piscacha de felicidad y me tocó ver cómo se desarrollaron cada uno de los cuatro matrimonios, los cuales, poco a poco, fueron diluidos y los 4 trajeron al mundo a sus respectivos hijos, Fabián, el mayor se comió la torta antes del recreo y prácticamente se casó a fuerzas, tuvieron cuatro hijos mientras que, Pepe, se casó con todas las de la ley y tuvo solamente una hija, Ramón, el más vago de la familia, tuvo tan sólo dos hijos, hombre y mujer y Úrsula se casó con un hombre divorciado, teniendo 3 hijos propios y resultado, que los nietos del matrimonio Pérez, son tan parecidos a sus abuelos, en la piel, el color de piel, los lunares, la manera de caminar, también el lenguaje corporal y sin duda estos niños son una copia al carbón de sus abuelos, secos, amargados e inexpresivos y por supuesto fracasados en muchos sentidos, los hijos de los cuatro Pérez, tienen esa tendencia genética, que sin duda repetirán los mismos patrones de conducta que sus padres y por desgracia la triste historia habrá de repetirse una y otra vez.

Un adicto como yo.
Somos los adictos, copias al carbón, almas gemelas, nos parecemos prácticamente en todo, incluso hasta en la manera de hablar, un adicto como yo, es mentiroso, tramposo, engañifa, inestable, voluble, irritable, egocéntrico déspota, soberbio, macho típico mexicano, controlador, manipulador, extorsionador emocional, un adicto no cierras círculos, es inestable, de victimario se hace pasar por víctima, es hipersensible, neurótico, explosivo, inestable emocional y todo este cúmulo de defectos de carácter son genéticos, cómo genética es la pereza, el postergar y no cerrar círculos, como también el justificarse y no hacerse responsable de sus actos, son las características que distinguen a un ser fracasado, un ser que fracasa como estudiante, trabajador o empresario, una persona que fracasa en su relación de pareja y en su relación con sus hijos y todo ello, tiene que ver con la genética que recibió de sus abuelos y de sus padres, con el hogar disfuncional donde le toco crecer.

Gracias por leerme y más por escribirme ernestosalayandia@gmail.com encuentra en Facebook ’Diálogos al Desnudo’ donde abordamos muchos de estos temas, sintonízanos a las 7 de la noche, todos los lunes tiempo de Chihuahua, México. https://youtu.be/Wb8pQ8-WqBE gracias por compartir


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