Orientada Mexiquense

Era de esperarse la politización de la pandemia

Redacción/José Luis Garay

Era de esperarse la politización de la pandemia

Salud

Abril 21, 2020 11:55 hrs.
Salud Nacional › México Estado de México
Redacción/José Luis Garay › Divergencias Informativa

Casi ningún gobierno del mundo es bien valorado por las medidas adoptadas para combatir la pandemia provocada por el COVID-19. Las razones son distintas: muchos creen que las medidas se tomaron a destiempo, que son insuficientes, que el regreso a ’la normalidad’ es demasiado pronto o tarde, que los planes del gobierno para reactivar la economía solo benefician a algunos, que serán insuficientes para proteger a los miles que se quedan sin empleo día tras día y, en casi todas partes, que son insuficientes los instrumentos con los que cuenta el personal médico en hospitales.

Malos resultados de esta crisis sanitaria, económica y social, arrojarán el saldo final con el que los gobernantes podrán defender sus decisiones, por lo que ahora mismo es inútil discutir sobre los beneficios o perjuicios de una crisis que, en el caso mexicano, apenas comienza.

Para los gobiernos, y ciudadanos deberían entenderse que, dada la duración de la crisis, los programas y medidas, deberán considerarse temporales, toda vez que modificarlos está en la naturaleza propia del virus cuyas consecuencias se tratan de paliar.

Para, este 21 de abril, es bastante discutible que ya se haya decretado un cierre total de los comercios e industrias no esenciales. Con el paso de los días va siendo cada vez más difícil entender que el presidente de la República sostenga que los mexicanos están cumpliendo con méritos las medidas adoptadas por el gobierno, aunque las estimaciones indiquen que únicamente un 45% ó 50% de la población ha respetado el aislamiento.

En el caso de municipios, sobre todo de la zona y región oriente mexiquense, los alcaldes han venido intensificando el llamado para que se cumplan los protocolos sanitarios, por eso las medidas deben ser tomadas sin mirar a la popularidad de los gobernantes.

Cierto: una buena parte de la población no podrá quedarse en casa, pero de pronto parece incomprensible que el gobierno no haya aprovechado la semana santa para decretar dos semanas de cierre total de las actividades no esenciales, y así lograr detener la propagación del virus de mejor manera. Si los números no mienten, al menos treinta millones de mexicanos siguen saliendo a trabajar todos los días, están expuestos al contagio y son agentes de propagación del virus.

Y es precisamente, lo que no sucede en los gobiernos de México: oposición y gobierno actúan mirando las encuestas electorales y de popularidad, y por eso son discutibles las posiciones de quien gobierna y de quien tiene como función hipotética fungir como contrapeso.

Tarde o temprano se debe tomar una decisión: decretar un cierre total - si bien supondría una merma mayor a la economía de muchos- o mantener la situación actual -que puede ser devastadora en términos de contagios y muertes. Por otra parte, la oposición sigue siendo reactiva. No da una idea, no presenta un plan, no articula un programa. Es incapaz de mostrar alternativas a las decisiones del gobierno.
La oposición no hace sino escribir en Twitter o Facebook sobre las decisiones de AMLO. La oposición no cuestiona al gobierno, sino solo lo descalifica. Apuesta a la caída de Ejecutivo, sin presentarse como mejor opción.

Esas actitudes del gobierno y de la oposición reflejan en buena medida el estado de la sociedad mexicana. Valdría la pena considerar que, si hemos llegado a este punto de destrucción de todo lo que el otro sostenga, en lugar de construir a partir de las coincidencias, es porque decidimos privilegiar las posiciones políticas en lugar del bienestar común. Exactamente en la mirada hacia el otro como agente válido del cambio está una de las posibles soluciones al problema.

La gran paradoja de las sociedades actuales es que las construcciones institucionales y teóricas a partir de las cuales se construyeron están puestas en entredicho desde el fin de la Guerra Fría y, como nunca, también en esta crisis sanitaria. Y se resumen en un egoísmo y en un culto desbordado del yo. Solo dejándolo de lado se puede dejar de aniquilar los progresos de las democracias que, en el fondo, a todos benefician.

Debemos mirarnos en el espejo y empezar a reconocer que los otros alguna razón lleva. Entonces podremos comenzar a unir el rompecabezas en que está dividido el país. Mientras pensemos que solo unos lo hacen bien o que el otro siempre hace todo mal, la solución a nuestros problemas está lejos de encontrarse. Las descalificaciones y los embates sirven en términos electorales, pero resulta que la crisis que atravesamos se ganará en términos negativos: con menos muertos, menos empleos perdidos, menos familias en pobreza y menos empresas destruidas.

Y el gobierno, la oposición y la sociedad parecen hacer poco para lograr ese resultado. Aún no entienden que no habrá ganadores en la crisis y que sería aún más complicado construir desde las ruinas. A todos conviene que el escenario no sea catastrófico, aunque eso implique, y mucho les cueste, tener cierta deferencia con quien piensa y actúa diferente.


Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor

Suscríbete

Recibe en tu correo la información más relevante una vez al mes y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.