EL CALENDARIO QUE ACTUALMENTE NOS RIGE


EL ’CALENDARIO’ DE LA PREHISTORIA A LA HISTORIA



Diciembre 18, 2023 22:44 hrs.
Cultura ›
Roberto Antonio Huerta Paniagua / Redacción / › Divergencias Informativa

Próximo está el 31 de diciembre del año 2023, final de un año más de acuerdo con el calendario con el que ya cotidianamente nos regimos. Ese día es una fecha ya establecida que damos por hecho y raramente nos preguntamos ¿por qué esa fecha? y ¿por qué el año inicia el 1 de enero? Es más, ni siquiera reparamos sobre el calendario. Lo damos por implantado y nada más.

A continuación, se tratará se bosquejar con cierta claridad cómo llegamos a la aceptación del calendario que nos rige, esperando que la lectura de esta muy breve recopilación les resulte interesante.

EL CONCEPTO DE CALENDARIO

El calendario es un sistema de división del año solar. Nuestro calendario consta de doce meses de 28, 29, 30 o 31 días, divididos en cuatro semanas de siete días cada una, habiendo por cada mes alrededor de cuatro semanas y en el año cerca de 52, que suman 365 o 366 días. El origen de este calendario tiene como punto de partida la discutible fecha de nacimiento de Jesús o Jesucristo; e inicia cíclicamente cada primer día del mes de enero.

Para algunos autores la palabra calendario proviene del latín calendarium, aunque en la antigua Roma este término se refería a un registro, a los libros de cuentas, a los libros de caja o a la cuenta y razón; era, pues, una palabra más relacionada con la administración y la contabilidad que con el tiempo. Era con la palabra fastis que los romanos se referían al calendario en sí o a los anales. Para otros autores, la palabra calendario proviene de: calendae. Estos calendae correspondían al primer día de cada mes y el término significa ’anuncio’, porque en esos días los sacerdotes le anunciaban al pueblo cuando serían los días de las nonas.

EL ’CALENDARIO’ DE LA PREHISTORIA A LA HISTORIA

El calendario es el producto de las observaciones del Universo, de la naturaleza y de la misma sociedad, hechas originalmente por el hombre prehistórico. En la Edad de Piedra, los cazadores nómadas empezaron a relacionar el comportamiento animal (principalmente las migraciones) con sus actividades económicas (la cacería) y consecuentemente con las condiciones climáticas. Más tarde, los primeros hombres sedentarios comenzaron a fincar los rudimentos de fijación del tiempo relacionando las actividades agropecuarias con algunos fenómenos cósmicos y climáticos, por ejemplo, la salida del Sol, la posición de la Luna, la ocurrencia de lluvias, siembra y cosecha, celo y partos de los animales, etcétera. En ese entonces no había datación del tiempo por medio de fechas, se hablaba del paso de las lunas o de la posición del Sol en el cielo.

Posteriormente, el hombre empezó a fijar ciertos hechos importantes e impactante en su comunidad, por ejemplo, una peste, una hambruna, una guerra o algo de afectación general; y todos empezaban a contaban los días, las lunas o los soles (años) a partir de ese acontecimiento. Después, ocurría otra cosa así de impresionante y se iniciaba nuevamente el conteo de las lunas o soles. Se cree que de esta forma de contar el ’tiempo’ cambiaba cada 15 o 20 años.

Conforme el hombre evolucionaba y su organización se sofisticaba, los hechos naturales o sociales de padecimiento general fueron pasando a segundo término en cuanto al punto de partida y ocuparon sus lugares los advenimientos de algunos personajes al liderazgo de los grupos o al trono. Esta forma de medir el tiempo se popularizó y se perpetuó incluso hasta bien entrados los tiempos en los que ya se habían inventado la escritura y los calendarios tal cuales, de tal forma que se decía, por ejemplo: a los tres años de Darío o en los días de Herodes el Rey.

En los tiempos de Darío o de Herodes, ya existían calendarios con meses, días y fechas, pero sus conteos eran del dominio de la casta sacerdotal y de un número reducido de funcionarios reales; el pueblo seguía prácticamente en la prehistoria con respecto a la medición del tiempo, simplemente aceptaban lo que les decían sus dirigentes. Esto indica que en esos tiempos ya había dos formas de medir y fijar el tiempo: Una forma elaborada por la elite sacerdotal y/o gobernante basada en observaciones astronómicas; y una forma vulgar basada en acontecimientos importantes pero cotidianos y evidentes.

Finalmente, el tiempo empezó a medirse a partir de hechos indistintos, como el nacimiento de un héroe o de un sabio, la fundación de una ciudad, el supuesto origen del mundo y demás.

EL CALENDARIO EGIPCIO

Los historiadores consideran al calendario egipcio como el más antiguo del mundo. Este calendario marcaba una fecha que equivale al año 4241 a. de C., la cual es para algunos autores la fecha registrada más antigua de la historia, aunque no se sabe por qué ese año, pero a partir de tal comenzó el conteo del calendario egipcio.

Este calendario era el más exacto de la antigüedad. Se guiaba e iniciaba con la aparición sobre el desierto del este (oriente) de la estrella Sirio, para los egipcios ’Sopdit’, la Diosa protectora del año, y coincidía con el 19 de julio de nuestro calendario. Esto coincidía también con la crecida del río Nilo. Con este calendario, los egipcios dividían el año en tres partes de cuatro meses cada una y cada mes era de 30 días, de tal forma que había doce meses más cinco días complementarios.

Los meses de este calendario eran: Thoth o Thot, Paophi, Athis o Athir, Chocac o Chaeac o Choiak, Tybi, Mechir, Phamenoth, Pharmuthi, Pachon, Pagni, Epephi o Epiphi y Mesori. Más tarde, para acercarse a la precisión de la duración del año solar, los egipcios, crearon el año bisiesto. El año de los egipcios comenzaba con el Solsticio de Verano, cuando el Sol entraba al signo zodiacal de Leo.

EL CALENDARIO BABILONIO

Los babilonios (en Mesopotamia) tenían ya para entonces un calendario con una antigüedad aproximada de unos cuatro mil años. Este calendario era lunar y constaba también de doce meses de 28, 29 y 30 días, que sumaban 354 o 360 días al año. El año de los babilonios iniciaba en la primavera; y con mucha probabilidad, fue el fundamento del calendario hebreo.

Es difícil establecer cuál calendario es el más antiguo en el mundo, si el desarrollado en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates; o el inventado a orillas del río Nilo. Como sea, estos son los de mayor antigüedad: de cinco a cuatro mil años antes de Cristo.

EL CALENDARIO HEBREO

El calendario hebreo consta de doce meses lunares y un treceavo mes que se intercala cada 19 años para ajustarlo con el ciclo del Sol. Los meses del año hebreo son: Nissan o Nisan o Abib, Jiar o Iar, Sivan, Tamuz o Tammouz, Ab, Eloul o Elul, Thischri, Marhkeschvan o Boul, Chislev, Tebeth, Shebat y Adar, el treceavo mes recibe el nombre de Veadar o doble adar. Los israelitas actuales siguen usando este calendario para celebrar sus ceremonias religiosas y regir algunos actos sociales y políticos.

La Iglesia Católica, también hace uso de este calendario lunar, por ejemplo, para determinar el inicio de la Semana Santa.

EL CALENDARIO GRIEGO

Los babilonios transmitieron su calendario a los griegos o éstos lo tomaron de los primeros. Por alrededor de 700 años, los griegos midieron el tiempo observando el calendario babilónico, posteriormente, acordaron agregar tres meses complementarios cada ocho años con el objeto de hacer concordar el año lunar con el ciclo solar. Y al igual que los babilonios, los griegos tenían que intercalar meses o hacer cálculos para que hubiera concordancias astronómicas.

EL CALENDARIO ROMANO

Se afirma que el calendario que rige actualmente en casi todo el mundo, el que nos rige, tiene su origen más directo en el antiguo calendario romano. Sin embargo, no es tan cierta esta aseveración. Veámoslo:

Los romanos primitivos, al igual que los griegos, se guiaban para medir su tiempo por medio de la observación de la Luna. Este calendario, según la tradición, fue creado por Rómulo, quien tomó como punto de partida la fundación de la ciudad de Roma (ab Urbe Condita) en el año 753 a. de C. según nuestro calendario. Rómulo estableció un año de 300 días dividido en diez meses. Este calendario daba inicio en el mes de marzo y finalizaba en el mes de diciembre. Otros autores consideran que el antiguo calendario romano constaba de 304 días, que era una herencia del calendario egipcio y que databa, tal vez, del Siglo XXX a. de C.

Al respecto, es dudable esta afirmación porque los egipcios, para entonces, sabían desde algunos siglos atrás que el año solar duraba un poco más de 365 días, no alrededor de 300.

Como sea, el primitivo calendario de los romanos constaba de diez meses, cuatro de ellos tenían 31 días y seis tenían 30, e iniciaba el día uno (1) de marzo. En la actualidad, los nombres de algunos meses reflejan el orden en el que se habían establecido: septiembre (7º), octubre (8º), noviembre (9º) y diciembre (10º).

NUMA POMPILIO

Más tarde, Numa Pompilio (rey legendario de Romas del año 715 o 714 al 671 a. de C.), en el año 713 antes de nuestra Era, agregó al calendario romano dos meses más: enero (Januarius, en honor del Dios Janus) de 29 días y febrero (Februarius, de las fiestas februarias o de purificación) de 28 días; así mismo, reajustó a otros meses. De esta forma, se obtuvo un calendario de 355 días. Los diez días de diferencia, para alcanzar los 365 del año solar, se intercalaban al arbitrio del gobernante en turno. Luego, alrededor del año 451 a. de C., un grupo de diez magistrados, denominados por eso los Decenviros, reacomodaron el inicio del año en el mes de enero, en lugar de marzo y cambiaron la duración de los meses del año.

EL CALENDARIO JULIANO

Posteriormente, en el año 708 de Roma (46 a. de C. según nuestro cómputo), Julio César (101 a 44 a. de C.), oyendo los consejos de la reina egipcia Cleopatra (69 a 30 a. de C.), aceptó adoptar el calendario civil egipcio y modificó el calendario romano para ponerlo de acuerdo con el curso del Sol.

Los egipcios ya sabían desde hacía muchos siglos que el año duraba aproximadamente 365 días y 6 horas, al cual llamaba año Sótico, y su tiempo se usaba para corregir el año civil de 365 días. Con las duraciones de estos calendarios, se le encargó a Sosígenes (s. I a. de C.), astrónomo de Alejandría (puerto a orillas del Mar Mediterráneo, en la costa egipcia), que realizara las correspondientes adecuaciones al calendario romano.

El año en el que se hicieron esas correcciones se hizo extraordinariamente largo, ya que para corregir los errores acumulados y reordenar los meses con la trayectoria del Sol, se intercalaron un mes de 23 días después del 23 de febrero y dos meses de 34 y 33 días entre noviembre y diciembre. Por esto, a ese año se le conoció como el ’Año de la Confusión’. Con esos ajustes, el equinoccio de primavera coincidió con el 25 de marzo y para evitar los corrimientos de estas fechas estacionales se creó el año bis sextum, que hoy se conoce como bisiesto de 366 días y que habría de tener lugar cada cuatro años. Así, el año 45 a. de C., que correspondió al DCCIX ab U. C. (709 ab Urbe Condita), el año calendario tuvo 365 días y cada 4 años se le añadía un día, A estos arreglos se les conoció como la Reforma Juliana o de Julio César (reforma que realmente propuso Cleopatra).

Sin embargo, los gobernantes que le sucedieron a Julio Cesar no comprendieron el proceso de los años bisiestos (no tenían la sabiduría de los egipcios) y los decretaban cada tres años en lugar de cuatro, por lo cual, Augusto Cesar (63 a. de C. a 14 d. de C.), ordenó una corrección omitiendo tres intercalaciones (años bisiestos) entre el año 8 a. de C. y el año 8 d. de C., haciendo que fueran bisiestos los años ab U. C. que fueran divisibles entre cuatro; además, se reformó la duración de los meses.

Los nombres de los meses en la Roma antigua fueron finalmente los siguientes: Januarius, en honor del Dios Janus e incluido por Numa Pompilio, de 31 días; Februarius, de las fiestas februarias o de purificación, de 28 o 29 días, y también incluido por Numa Pompilio; Martius, en honor del Dios Mars o Marte, de 31 días; Aprilis, de aperire: abrir, porque en ese mes brotan las flores, de 30 días; Majus, en honor de la Diosa Maya, madre de Mercurio, de 31 días; Junius, en honor de la Diosa Juno, de 30 días; Julius (Quintilis), quinto mes del calendario y en honor de Julio Cesar, 31 días; Augustos (Sextilis), Sexto mes del calendario y en honor de Augusto Cesar, de 31 días; September, séptimo mes del calendario romano, de 30 días; October, octavo mes del calendario romano, de 31 días; November, noveno mes del calendario romano, de 30 días; y December, décimo mes del calendario romano, de 31 días. Antes de Julio César al mes de julio se le llamaba Quintilis; y al de agosto, antes de Octavio Augusto se le llamaba Sextilis.

Tres días de cada mes tenían nombres específicos: calendae, nonae e idus. Los calendae eran el primer día de cada mes, las nonae eran el día cinco y los idus el treceavo, excepto en los meses de marzo, mayo, junio y octubre, en los que las nonae eran el 17° y los idus el 15° día.

En un principio el año romano iniciaba en primavera, cosa natural, pero más tarde comenzó a fijarse su inicio el primer día de enero porque era cuando los nuevos cónsules asumían su cargo en Roma; esto, como ya se señaló, se debió a los decenviros.

DIONISIO EL EXIGUO

Corre el tiempo y aconteció el nacimiento de Jesús, allá por algún año y en algún día (y en algún lugar). Muchos estudiosos aceptan que Jesús nació entre los años 747 a 750 ab U. C. Luego continuaron su obra ’San’ Pedro y ’San’ Pablo, después vinieron los primeros papas (todos santos y/o mártires según la Iglesia Católica) y los emperadores romanos seguían reinando. La historia, pues, seguía su curso y en Europa el calendario juliano se siguió usando hasta por seis siglos más después del nacimiento de Jesucristo.

En el Siglo VI, en el año 525 d. de C., o para unos autores en el año 531, un monje escita, supuesto astrónomo, proveniente de Ucrania, llamado Dionisio y apodado el Exiguo (el pequeño, por su baja complexión física), propuso contar los años hacia delante o hacia atrás a partir del nacimiento de Jesús. Por tal razón trató de precisar con la mayor exactitud posible la fecha de su nacimiento; y de acuerdo con sus cálculos, Jesús había nacido en el año 753 ab U. C. y al año siguiente e inmediato lo llamó el Annus Unum a Nativitate Domini, es decir, año Uno de la Era Cristiana. Pero los cálculos de ese monje fueron erróneos.

Algunos autores sostienen que este personaje aprovechó la caída del Impero Romano de Occidente para sustituir el calendario romano, que iniciaba a partir de la fundación de la ciudad de Roma, por uno netamente cristiano que tomara como punto de partida el nacimiento de Jesús. Esto, para resaltar la figura de Cristo en perjuicio de la imagen de Diocleciano, un emperador romano que persiguió persistentemente a los cristianos primitivos. Y para sus cálculos, Dionisio, realizó una tabla en la que anotó los nombres de los emperadores romanos de adelante hacia atrás, contando los años que habían gobernado cada uno de ellos; pero en estos cálculos, el monje no contó con que Augusto César había gobernado con su verdadero nombre: Octavio, durante cuatro años.

Además, en aquellos años no se conocía el cero (0) en Europa. El cero se conoció en el Viejo Continente hasta el Siglo XII, como 600 años después de los cálculos de Dionisio el Exiguo, así que el monje en sus cálculos aritméticos no pudo haber considerado a este número, como correspondería a un hecho que inicia una cronología, independientemente de que después de éstos al año del nacimiento se le designara con el número uno.

Por lo anterior, y de acuerdo con las proposiciones de Dionisio, Jesús nació un año antes de esta Era. Y como el conteo de los días, meses, años, siglos y otras medidas de tiempo es en ordinales, inician con el uno (1), por lo que el año siguiente al nacimiento de Jesús debió ser el año dos (2) de nuestra Era.

Y, además, al no considerar los años de gobierno de Octavio, lo más probable es que Jesús haya nacido de cuatro a cinco años anteriores (748 a 750 ab U. C.) al año calculado por el monje (753 ab U. C.).

Con todo esto, finalmente los padres de la iglesia católica decidieron, por razones que el vulgo no tenía por qué saber o porque no podía entender, que Jesús nació un 25 de diciembre de un determinado año y para las muchedumbres esto era más que suficiente.

Esta forma de cuantificación del tiempo, según ’autoridades’ en la materia, la promulgó el Papa Gelasio I (492 a 496 d. de C.), y no se adoptó sino hasta el año 900 d. de C. poco más o menos y de forma paulatina por casi todos los pueblos cristianos. Al respecto, el de la pluma no coincide con estas afirmaciones ya que Gelasio I fue Papa antes de la aparición en escena del monje Dionisio el Exiguo. El Papa contemporáneo de este monje fue Juan I, papa del año 523 al 526, posteriormente hubo otros papas, y del año 556 al 561 reinó en el Vaticano Pelagio I (hay semejanza fonética en el nombre). Es probable que alguno de estos dos últimos papas fuera el que promulgó la forma de cuantificación del tiempo propuesta por Dionisio.

Ahora, esta manera de cuantificar el tiempo sólo contempló el nuevo punto de partida para fijar las fechas, pero conservó por completo todo el esquema del calendario juliano con los ajustes hechos por Augusto, con sus meses y días y con relativamente pocos cambios.

EL CALENDARIO ACTUAL

A pesar de los ajustes hechos al calendario romano (realmente egipcio), éste no fue tan perfecto, ya que el año en realidad no dura 365 días y 6 horas (365.25 días), sino 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos (365.242199 días). Esta diferencia de 11 minutos y 14 segundos provoca un error de un día cada 128 años, por lo que para el año 1000 d. de C. ya se habían acumulado diez días de error que estaban sobrando.

Por lo anterior, en diciembre de 1545, en el concilio de Trento, se le pidió al Papa Pablo III que ordenara la realización de los ajustes al calendario, pero ni él ni sus sucesores lo lograron. Para el año de 1582, el calendario resultaba bastante anormal, por lo que el Papa Gregorio XIII (Papa de 1572 a 1585), le ordenó al astrónomo alemán Christopher Clavius y al médico napolitano Aloysius Lilius que estudiaran el calendario y resolvieran el problema.

Después de los estudios realizados por estas personalidades, el 24 de febrero de 1582, se emitió una bula papal en la que se ordenaba eliminar diez días del calendario, brincando del 4 de octubre de ese año al 15 de octubre del mismo (el 4 de octubre se convirtió en 15 de octubre). Con estos arreglos, el equinoccio de primavera quedó el 21 de marzo, como ocurre en la actualidad. Pero lo importante de esos estudios fue tratar de evitar que la diferencia de 11 minutos y 14 segundos siguiera provocando el corrimiento de un día cada 128 años, para lo cual, Clavius y Lilius propusieron que cada 400 años, tres años que debieran ser bisiestos en el calendario juliano, no lo fueran, esto es, que los años divisibles entre cien (100) no fueran bisiestos si no eran divisibles entre 400, en otras palabras, suprimieron tres de cada cuatro años bisiestos seculares dejando aquellos que caen en decena de siglo (que enredo, pero así fue).

De esta forma, a partir del 15 de octubre de 1582 los años normales duran 365 días y los bisiestos de 366 y ocurren cada cuatro años, a excepción de los que son divisibles entre 100 pero no divisibles entre 400. Así, no son bisiestos 1700, 1800, 1900, 2100, 2200, 2300…, pero sí lo son 1600, 2000, 2400…

El próximo año de nuestra Era, el 2024, será año bisiesto, febrero tendrá 29 días.

Sin embargo, no todos los países cristianos en esos tiempos adoptaron de inmediato esta nueva forma de medir el tiempo, los germanos la adoptaron en 1584 y otros tardaron incluso siglos. Rusia adopto este calendario en 1918 y Grecia hasta 1923.

A esta ordenanza se le conoció como la Reforma Gregoriana y desde entonces a la fecha ha sido adoptada por casi todas las naciones del mundo e independientemente de la religión que profesen la mayoría de sus habitantes. Es de esta forma que en la actualidad cada primer día de enero se inicia un año nuevo de la Era Cristiana o de la Era Vulgar. Desde entonces es así y ahora en cada hogar católico se escucha la frase: ’¡Feliz año nuevo!’ al momento de sonar las doce campanadas del reloj a la media noche del 31 de diciembre.

Es, pues, nuestro presente calendario, un sistema de cuantificación del tiempo originado en el antiguo Egipto, con realmente muy pocas adecuaciones.

EL CALENDARIO MAYA

De los calendarios descubiertos en el llamado Nuevo Mundo, indiscutiblemente destaca el maya. En la actualidad, con los instrumentos más precisos de medición del tiempo y después de cálculos minuciosos, se sabe que el año dura 365.242199 días. El calendario juliano le daba una duración al año de 365.25000 días; el gregoriano, el cual nos rige, le da una duración de 365.242500 días; y el maya, por el cual ya nadie se rige, le da una duración de 365.242200 días, siendo aún más preciso que el propio gregoriano.

Los mayas estaban profundamente interesados en el tiempo y su fijación, a grados tales como el de anotar la fecha de terminación de cada uno de los 64 tramos de la Escalinata de los Jeroglíficos en Copán o inscribir una fecha que se aventura 90 millones de años en el pasado (nadie sabe por qué).

Los mayas tenían tres calendarios basados en la observación del Sol y otros astros como Venus (Chac noh ek). Un calendario regía la vida civil, medía el año Haab, se componía de 18 periodos de 20 días cada uno, más un periodo final de cinco días denominado Uayeb. El segundo calendario era sagrado (religioso), se le llamaba Tzolkin y constaba de 260 días; el tercer calendario era el de la cuenta larga y cuantificaba los días a partir del principio mítico de la era maya, fijada en 4 Ahau 8 Cumhu (año 3111 a. de C. según nuestro cómputo, aunque en ese año los mayas como tales aun no existían de acuerdo con la historia oficial).

Entre los mayas había nueve periodos de tiempo, la mayoría múltiplos de 20. Kin era un día, Uinal eran 20 días, Tun eran 18 uinales más los cinco días del uayeb que conformaban un año (365 días); Katun eran 20 tunes; Baktun eran 20 katunes, Pictun eran 20 baktunes, Cabaltun eran 20 pictunes, Kinchiltun eran 20 cabaltunes y Alautun eran 20 kinchiltunes, esto es, 23,360 millones de días. Entre estos periodos había uno de 52 años, llamado la Ronda del Calendario y se cumplía cuando coincidía un día del año haab con el mismo día del año tzolkin.

El año civil iniciaba con el uinal Pop, que caía en el hoy mes de julio. Pop, como los demás uinales, tenía sus ritos, sacrificios, festividades y celebraciones públicas. En este uinal se festejaba el año nuevo. El pueblo vestía nuevas ropas, se destruía la cerámica vieja y las esteras. Era un uinal de renovación.

Los 18 uinales del calendario maya eran: Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzec, Xul, Yaxkin, Mol, Chen, Yax, Zac, Ceh, Mac, Kankin, Muan, Pax, Kayab y Cumhu. Y cada uno de los 20 días del uinal tenía su propio nombre, el cual se utilizaba, entre otras cosas, a manera de ’horóscopo’ para predecir el carácter, oficio y otros aspectos de la futura vida del recién nacido y para darle nombre. Los nombres de los días mayas eran: Kan, Cicchan, Cimi, Manik, Lamat, Muluc, Oc, Chuen, Eb, Been, Ix, Men, Cib, Caban, Edznab, Cauac, Ahau, Imix, Ik y Akbal.

Este calendario, además de ser una forma de medir el tiempo, era la vida misma de los mayas. Casi todo giraba a su alrededor: la agricultura, la caza, la pesca y la religión. Cada deidad tenía su día y la astronomía estaba al servicio de la astrología y de la religión.

Ahora, con respecto a los conocimientos astronómicos, éstos eran sorprendentes. Los mayas conocían la revolución sinódica del planeta Venus, ésta, la habían calculado en 584 días (los astrónomos modernos la han calculado en 583.92 días); conocían varias estrellas y constelaciones, tales como la Estrella del Norte (Xamann ek), el asterismo de Las Pléyades (Tzab), las constelaciones de Géminis (Ak ek) y del Escorpión (Zinaan ek); predecían los eclipses solares y lunares, la posición de muchos astros en la Bóveda Celeste y demás.

La importancia del calendario para los mayas y los conocimientos astronómicos que ellos tenían, eran tales, que como en el Viejo Mundo, se congregaban de tiempo en tiempo para revisarlo. La historia registra que en el año 765 d. de C. se reunieron los sacerdotes mayas en Copán para ajustar los errores del calendario por la acumulación de tiempo en 52 años y ordenar al uinal Pop.

LOS MILENIOS

Finalmente, sólo como curiosidad y para complicar las cosas, con el calendario gregoriano vigente, se llegó a la aceptación generalizada de que un milenio (de tantos que han pasado y de muchos que pasarán) finalizó un 31 de diciembre del año 1999 y de inmediato inició otro el 1 de enero del año 2000. Fue el final del segundo milenio de la Era Cristiana y el inició el tercer milenio de la mista Era. Esto, a pesar de que se ha contabilizado el tiempo con un calendario que no es del todo exacto y a partir de una fecha que ni en el año ni en el día de su inicio hay certeza; por lo tanto, la aceptación del final y del inicio de los milenios tampoco serían ciertas. Además, el tiempo que debió haber durado el segundo milenio no concluyó ese 31 de diciembre de aquel 1999, sino que acabó el 31 de diciembre del año 2000.

Como ya se bosquejó, la Era Cristiana comenzó en el año 1; así que, el Siglo I duró cien años y el primer milenio acabó en el año 1000, que fue también el último año del Siglo X. Por lo tanto, el año 1001 fue el primero del Siglo XI y del segundo milenio. Con base en este razonamiento, el Siglo XX comenzó en 1901 y concluyó en el año 2000, precisamente mil años después de haber terminado el Siglo X o el primer milenio. Entonces, además de los errores aritméticos de Dionisio el Exiguo y la inexactitud en la fecha de nacimiento de Jesús, lo que comenzó en el año 2001, precisamente el 1 de enero de ese año, fue el tercer mileno, el cual concluirá hasta el 31 de diciembre del año 3000.

FUENTES DE INFORMACIÓN

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Blanquez F., A. 1972. Diccionario Manual Latino-Español Español-Latino. Ediciones Ramón Sopena. Barcelona, Esp. 671 p.
Hagenmaier, W. 1979. Diccionario de Historia Universal. Versión de M. García A., Editora Distribuidora Internacional Popular de Libros Escolares, S.A. México, D.F. 356 p.
Nueva Enciclopedia Temática. 1984. El Indómito Calendario. Una Empresa Grolier. Editorial Cumbre, S.A. México, D.F. Vol. 7 pp. 55 - 64.
Pascal H. s.f. ’La Navidad, su historia secreta’. en: Conocer. Revista mensual. Grupo Editorial Z, S.A. de C.V. México, D.F. Año 6. No. 172. pp. 18-21.
Prieto, C. 1999. ’La cuenta de los años: ¿Cuándo comienza el milenio?’ en: ¿Cómo ves? Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F. Año 1. Núm. 6. pp. 22 - 24.
Von Hagen, V.W. 1978. El Mundo de los Mayas. Editorial Diana, S.A. México, D.F. 270 p.
Wikipedia. 2023. Calendario. Wikipedia. La enciclopedia libre. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Calendario (consultado el 10 de diciembre de 2023).
Wikipedia. 2023. Dionisio el Exiguo. Wikipedia. La enciclopedia libre. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Dionisio_el_Exiguo (consultado el 10 de diciembre de 2023).

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