En las nubes

El palacio negro de Lecumberri

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

El palacio negro de Lecumberri

Periodismo

Octubre 11, 2019 19:11 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo, afirma: › guerrerohabla.com

No olvidamos que desde 1953, cuando sustituimos al escritor español republicano, Pedro Pagés Elías, ’Bertillón Jr.’ fuimos reporteros de judiciales y reclusorios, en Excélsior.
El 14 de octubre de 1957 fue sustituido Lecumberri como prisión de sentenciados por la actual Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, inaugurada por el presidente Adolfo Ruiz Cortines.
Hubo intenciones presidenciales (en 1976) de desaparecer toda la construcción, pero las opiniones fueron en contra de esa idea y la prisión se convirtió en el Archivo General de la Nacional.
Mucho de lo que nos platica el colega Jorge Herrera Valenzuela, fuimos testigos.
Nos lleva de la mano.
Cuando, en julio de 1976, la Cárcel Preventiva de la Ciudad de México fue reubicada del viejo edificio de Lecumberri a los modernos reclusorios Norte y Oriente, quedó cerrado uno de los capítulos más sórdidos en la historia de la vida nacional.
El traslado de los presos para convertir el sitio en la Alameda Oriente y en un Centro de Desarrollo de la Comunidad, (en el siguiente sexenio se prefirió instalar allí el Archivo General de la Nación), tuvo lugar en el marco de la reforma penitenciaria emprendida por el subsecretario de Gobernación, Sergio García Ramírez.
Dirigido por militares y excepcionalmente por penalistas a lo largo de sus casi 76 años de existencia, el que llegara a ser conocido como "Palacio Negro" fue inaugurado por Porfirio Díaz como una moderna penitenciaría, con la novedad arquitectónica de sus crujías en forma radial, convergentes en un torreón central de vigilancia.
Las celdas tuvieron huéspedes diversos, desde peligrosos criminales y narcotraficantes extranjeros, hasta intelectuales y artistas acusados de disolución social, un delito que habría de ser derogado no mucho más tarde.
El presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron asesinados en 1913, cuando llegaban a ese lugar en calidad de prisioneros.
Por aquellas instalaciones de pesadilla pasaron militares como Félix Díaz en 1912, y los 83 diputados que mandó arrestar el usurpador Victoriano Huerta al año siguiente, tras disolver el Congreso.
Lecumberri alojó también a peligrosas figuras como Goyo Cárdenas o Higinio "Pelón" Sobera de la Flor, y a homicidas como José de León Toral y Jacques Mornard, asesinos de Álvaro Obregón y León Trotsky, respectivamente.
Carlos Ravelo Galindo cubrió como reportero la escapatoria del asaltante Fidel Corvera Ríos, el 6 de diciembre de 1962. Excélsior la publicó a Ocho Columnas, así:
’Fuga a tiros en Lecumberri, 2 muertos, 3 heridos, 2 escapados’
Escribió dieciocho cuartillas de lo que observó, con fotos que tomó Jaime Sánchez, y declaraciones en exclusiva.
Le valió un premio nacional, que aún guarda con muchos más, por otros trabajos reporteriles. Galardones que sólo sirven para llenar paredes, dice.
Por cierto en su libro ’Pláticas Sobre Periodismo’ que editó el Club Primera Plana, incluye esa histórica crónica.
Asimismo, de allí escaparon Alberto Sicilia Falcón por un túnel, y el narcotraficante estadunidense Dwight Worker, disfrazado de mujer.
A ese lugar fueron remitidos Valentín Campa, Luis Gómez Z., Demetrio Vallejo y otros líderes ferrocarrileros; el muralista David Alfaro Siqueiros y numerosas figuras del movimiento estudiantil -maestros, alumnos, intelectuales-, entre quienes estaban José Revueltas, Heberto Castillo y Manuel Marcué Pardiñas.
Algunos quedaron libres por desistimiento, otros por indulto o por cumplimiento de sus sentencias.
Aquél penal llegó a alojar lo mismo a sentenciados que a procesados y aún a enfermos mentales.
Desde 1959 funcionó únicamente como cárcel preventiva, tras la inauguración de la nueva penitenciaría en Santa Martha Acatitla a donde, con el paso del tiempo, se habrían de mudar también los vicios y abusos.
La historia negra de Lecumberri fue escrita con la sangre de quienes en su interior murieron asesinados por los presos más peligrosos, o asfixiados en el apando, o atacados con varillas puntiagudas que casi todos tenían.
El tráfico de influencias, prostitución, drogas y licores, era fomentado por los mayores de crujía en complicidad con vigilantes generalmente iletrados, despiadados y corruptos.
Para evitar la fajina, tener una buena celda o recibir alimentos del exterior, se necesitaba dinero, que no todos tenían.
Como contraste, mientras unos presos comían el rancho que les era servido en viejos platos de peltre, o aún en las manos si los trastos no alcanzaban, a otros les llegaban verdaderos banquetes del exterior.
La sobrepoblación, los robos, las visitas conyugales a la vista de otros reos; el edificio mismo, maloliente y sucio; en fin, toda la vergüenza que para el país representaba ya Lecumberri, terminó aquel año.
Lo que sucedió después en las nuevas cárceles, ya fue parte de una nueva historia.
Todas las prisiones han sido, son y serán lugares donde se tejen las historias más increíbles, dramáticas, horrorizantes, espeluznantes, por eso pertenecen a la literatura negra.
La Penitenciaría del Distrito Federal fue inaugurada el 29 de septiembre de 1900 por el presidente Porfirio Díaz y cerró sus rejas a las 6:20 horas del 26 de agosto de 1976 por órdenes del presidente Luis Echeverría.
Para entonces, Cárcel Preventiva de la Ciudad de México, el doctor Sergio García Ramírez y el capitán Rosalino Ramírez Faz fueron los últimos director y subdirector, respectivamente.
En los días porfiristas el primer director fue el jurista Miguel Macedo.
¿Por qué Palacio Negro de Lecumberri?
En 1880 el dueño de esos terrenos, ubicados al Oriente de la Capital del País, eran propiedad de un rico español de nombre Manuel Lecumberri y de ahí que se haya tomado el apellido para agregarlo a ’Palacio Negro’.
El primer huésped fue el zapatero de 33 años de edad, Rafael Buendía y Sánchez, autor de tres homicidios. Ingresó el 2 de Octubre de 1900.
Le siguieron, también por homicidio, el puertorriqueño Antonio Andino, el indígena Manuel Zúñiga, Pedro Sánchez y el primer célebre Barba Azul mexicano, Cenobio Godoy que tuvo 8 mujeres y 27 hijos; mató de un tiro de escopeta a su última cónyuge.
El 14 de octubre de 1957 fue sustituida como prisión de sentenciados por la actual Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, inaugurada por el presidente Adolfo Ruiz Cortines.
craveloygalindo@gmail.com


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